La misión Mars 2020 ha dado un golpe de autoridad en la cronología marciana. El equipo científico del rover Perseverance, liderado por la investigadora Emily L. Cardarelli, ha publicado en la revista Science Advances los resultados del análisis de la denominada Unidad de Margen. Mediante el uso del radar de penetración terrestre RIMFAX, se han detectado estructuras deltaicas a profundidades de hasta 35 metros, un hito que supera en casi el doble la capacidad de prospección mostrada hasta ahora en otras unidades geológicas de Marte.
Una estructura de 90 metros de espesor
Los datos obtenidos tras un recorrido de 6,1 kilómetros confirman que la Unidad de Margen no es un simple afloramiento superficial. El radar ha permitido identificar capas que van desde la escala submetométrica hasta los cien metros, sugiriendo un espesor vertical total de la unidad de entre 85 y 90 metros. Estos reflectores subterráneos son consistentes con clinoformos deltaicos, estructuras formadas por la acumulación de sedimentos en la desembocadura de un río en un lago, similares a los deltas de tipo Gilbert en la Tierra.
El fin de las teorías volcánicas
Hasta la fecha, la comunidad científica barajaba diversas hipótesis sobre el origen de esta zona rica en carbonatos de magnesio y olivino. Se especulaba con procesos ígneos (volcánicos), flujos piroclásticos o depósitos de ceniza. Sin embargo, la homogeneidad de las señales de radar y la presencia de estratificación cruzada, lóbulos de desembocadura y superficies de erosión descartan el origen volcánico. El estudio concluye que se trata de un paisaje fluvial antiguo, preservado bajo el suelo, que se desarrolló mucho antes que el conocido Delta Occidental de Jezero, situando su formación en el periodo Noeico (hace entre 3.700 y 4.200 millones de años).
Implicaciones para la búsqueda de vida
La relevancia de este hallazgo para la astrobiología es crítica. La identificación de estas estructuras sedimentarias a gran profundidad indica que el cráter Jezero albergó un entorno acuático habitable y capaz de preservar biofirmas durante un tiempo mucho más prolongado de lo previsto. Al estar estas capas protegidas de la radiación superficial y la erosión extrema, se convierten en el "archivo" geológico más valioso para entender la evolución del agua y el carbono en Marte. "Este trabajo ilumina un paleopaisaje bien conservado", subraya el informe, reafirmando que Marte fue un mundo de lagos y ríos persistentes en su infancia.

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