Las relaciones entre Volodímir Zelenski y sus aliados europeos no pasan por su mejor momento. Después de varios días de discretas negociaciones, el presidente ucraniano no ha tenido más remedio que plegarse ante las exigencias de Viktor Orbán y aceptar una misión de expertos para inspeccionar el estado del oleoducto Druzhba atacado por Rusia a finales de enero, que transporta crudo hacia Hungría y Eslovaquia desde los tiempos de la Unión Soviética.
El primer ministro húngaro ha hecho de su pulso contra Ucrania uno de los ejes de su campaña electoral para ser reelegido en el cargo en las elecciones de abril. Ha bloqueado la entrega del préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania hasta que se reanude el envío de crudo ruso a través de esta infraestructura, un préstamo a través de eurobonos fue acordado por todos los países de la UE —incluyendo Hungría, tras lograr desentenderse de los intereses— en el Consejo Europeo de diciembre. Pero Kyiv ve en esto un chantaje de Orbán, que junto al eslovaco Fico es el mejor aliado de Vladímir Putin entre los Veintisiete, y hasta ahora se negaba a aceptar la inspección del oleoducto que pedía.
Espiral de ataques
Kiev denuncia que Hungría retiene dinero y oro del Oschadbank hasta reabrir el crudo
“Le dije a nuestros amigos en Europa: esto se llama chantaje. La decisión sobre los 90.000 millones de euros fue adoptada por todos los 27 miembros”, señaló Zelenski este fin de semana en encuentro con periodistas, según recogió la agencia ucraniana ‘Ukrinform’. Kyiv, en esta espiral de ataques con Budapest por el oleoducto, incluso ha acusado a las autoridades húngaras de secuestrar a siete empleados del Oschadbank ucraniano, junto con una gran cantidad de dinero en efectivo y oro.
Ahora, por carta, el líder ucraniano ha sido más diplomático: indica que Ucrania es un “socio energético fiable para la UE” y que, a pesar de los continuos ataques con misiles y drones por parte de Rusia, llevarán “a cabo todos los esfuerzos posibles para reparar los daños y restablecer las operaciones”. Rusia ha hecho de las infraestructuras energéticas un objetivo constante durante los cuatro años de conflicto.
Esta situación ha llevado a la intervención de las primeras espadas en Bruselas. En un comunicado conjunto, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, han informado este martes que la UE ha ofrecido a Ucrania “apoyo técnico y financiación” para reparar el oleoducto dañado, algo que los ucranianos han acogido “con satisfacción y han aceptado esta oferta”. Los expertos europeos están disponibles “inmediatamente”. Esta oferta ya comenzó a aterrizarse en la última visita de ambos dirigentes a Kyiv para el cuarto aniversario de la guerra, pero hasta ahora no se ha logrado materializar.
La paradoja es que, para salir de esta situación creada por Orbán —que obtendrá ventajas en sus esfuerzos electorales—, al final se requerirán fondos europeos para reparar un oleoducto que transporta petróleo ruso cuando Europa lleva meses dedicando muchos esfuerzos a desacoplarse de los hidrocarburos rusos. Ha adelantado al 2027 la prohibición de importar gas ruso, y también mantiene las sanciones al petróleo ruso pese a que Donald Trump las ha levantado por el drástico aumento derivado del bloqueo del estrecho de Ormuz por su ofensiva contra Irán.
Declaraciones polémicas
“Debemos normalizar las relaciones con Rusia y recuperar el acceso a energía barata”, dice De Wever
Mientras tanto, el primer ministro belga, el nacionalista flamenco Bart de Wever, podría volver a ser protagonista de la próxima cumbre de líderes de este jueves. Ya lo fue en la de diciembre al plantarse ante las intenciones de Bruselas de recurrir a los activos rusos inmovilizados en Europa —principalmente, en Bélgica— defendiendo que en ningún caso era una aproximación a Moscú. Ahora, en una entrevista en el periódico L'Echo, ha resucitado la sugerencia que lleva tiempo planeando en Europa: la idea de reactivar los canales de comunicación con el Kremlin.
De Wever ha sido mucho más directo que Emmanuel Macron o Giorgia Meloni, otros de los líderes que creen que se debería recuperar el diálogo con Moscú. “Debemos normalizar las relaciones con Rusia y recuperar el acceso a energía barata”, dijo el líder del N-VA al rotativo económico francés. Y aseguró: “En privado, los líderes europeos están de acuerdo conmigo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta. Debemos poner fin al conflicto en interés de Europa, sin ser ingenuos con Putin”. A su juicio, “la postura oficial” de obligar a Rusia a rendirse “solo es realista si se cuenta con el pleno apoyo de Estados Unidos, y ellos no están en absoluto a favor de Ucrania”. También Hungría y Eslovaquia, aliados de Putin, piden reanudar el contacto con Bruselas, pero la postura todavía no es oficialmente compartida entre los Veintisiete.
El temor de algunos de los principales aliados de Zelenski en Europa es que la crisis en Irán deshinche el apoyo europeo a la causa ucraniana cuando ya se han superado los cuatro años de conflicto. Sobre todo, en un momento en que, debido al incremento de los precios de la energía, la factura del cierre de Ormuz se ha elevado ya a 6.000 millones de euros en compras adicionales para los bolsillos de los europeos. Y el principal beneficiado es el crudo ruso. “Si volvemos simplemente a la 'normalidad', tendremos más de lo mismo, más guerras. Ya lo hemos visto antes. Por eso debemos estar muy atentos y no darle a Rusia lo que quiere, porque su apetito no hará más que crecer”, avisó ayer la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas.

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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