Noche de martes, noche de Batalla de restaurantes en LaSexta. A partir de las 23:00 h, Alberto Chicote aterriza en Valencia para encontrar la receta de paella más auténtica entre cuatro locales: La Nova Tauleta, Mikkonos Beach Club, La Dehesa El Saler y La Cala Queralt. El veterano chef, rostro indiscutible de las Campanadas y de éxitos como Pesadilla en la cocina o ¿Te lo vas a comer?, se enfrenta a una nueva jornada de veredictos en un formato que ya es referencia de la parrilla actual. Su presencia en la pequeña pantalla es hoy una constante de éxito, consolidada tras décadas de trabajo que comenzaron lejos de los focos.
Criado en el barrio madrileño de Carabanchel Alto, este pionero de la cocina de fusión en España no siempre tuvo claro que su destino estaba entre fogones. A sus 56 años, el actual director del restaurante Omeraki es una de las figuras más sólidas de la gastronomía nacional, pero su camino comenzó de forma casi accidental. Antes de inaugurar proyectos como Yakitoro o el desaparecido Puertalsol, su vida giraba en torno al rugby y los estudios en una familia ajena a la hostelería. Esa falta de antecedentes familiares hace que su giro profesional resulte, todavía hoy, un pasaje sorprendente en su biografía personal.
“Es lo mío”
El revelador encuentro con un orientador escolar que cambió el destino del madrileño
En una reciente intervención en el pódcast gastronómico Se me antoja by Montagud, el chef recordó el momento exacto en el que la cocina llamó a su puerta. Fue a los 17 años, durante una entrevista con un orientador del colegio que proyectaba para él un futuro técnico en el sector de la imagen y el sonido. “No sé muy bien por qué, pero le respondí: '¿Y si yo quisiese estudiar cocina?'”, confiesa el madrileño. La pregunta surgió de la nada en un entorno donde las salidas a restaurantes eran escasas: “En mi casa solo se salía para comer como en la BBC: bodas, bautizos y comuniones”.

Aquel impulso adolescente se convirtió de inmediato en una convicción inquebrantable que trasladó a su familia nada más cruzar el umbral de su domicilio. “Mi madre recuerda que regresé de la escuela con los ojos abiertos como platos y le dije: 'Esto es lo mío, esto es una maravilla'”, relata el cocinero en el citado espacio. Esa pasión inicial le llevó a matricularse en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, iniciando un aprendizaje que le llevaría a trabajar con grandes nombres como Benjamín Urdiain en Zalacaín antes de dar el salto al extranjero.
A pesar del paso de las décadas y la presión mediática, Chicote asegura que aquel entusiasmo que sintió de joven no se ha desvanecido con la experiencia. Para el comunicador, el núcleo de su profesión reside en la capacidad de generar bienestar en los comensales a través de su trabajo diario. “Al final, lo que más me ha enamorado de este oficio es el poder hacer felices a los demás con mis consejos y recetas”, explica con sinceridad. El chef concluye este capítulo de su vida afirmando de forma tajante: “Sigo enamorado de la cocina como el primer día”.
“Me entró una depresión enorme”
El duro episodio vivido en Suiza donde el éxito profesional convivía con la oscuridad personal
Sin embargo, la trayectoria del madrileño no ha estado exenta de obstáculos severos fuera de la vista del público. En otra charla, esta vez en el pódcast Tengo un plan, el presentador desveló un periodo de profunda oscuridad que atravesó durante su etapa de formación en Suiza. A pesar de que el trabajo le gustaba y tenía vida social, la salud mental le jugó una mala pasada: “Me entró una depresión muy grande. Vivía en un cuarto de una residencia de ancianos. Nunca he sabido muy bien por qué me entró aquella depresión”.

Este bache anímico derivó en una hipocondría extrema que condicionó su día a día durante meses. “Tenía el convencimiento absoluto de que si un día me dolía la cabeza es que tenía un tumor”, relata el chef, describiendo cómo el miedo a la muerte se volvió una presencia constante. Aquel “agujero”, como él mismo lo define, le llevó dos años de recuperación, pero también le otorgó una nueva perspectiva sobre la vida. Tras superar aquel trance, el Alberto Chicote que regresó a España era distinto: “Te cambia el prisma de las cosas”, sentencia hoy, mientras saborea un éxito forjado con resiliencia.

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