Actualizado Jueves, 30 julio 2026 - 19:11
No es frecuente que la industria relojera reciba la atenci?n de los medios de comunicaci?n, salvo en aquellos casos donde entran en juego especialistas m?s centrados en el producto que en los n?meros. Rolex, propietaria tambi?n de Tudor, es la reina de la fiesta con una facturaci?n anual que ronda los 11.900 millones de euros, pero por debajo aparecen otros conglomerados suizos (el principal es el grupo Swatch, 6.780 millones de ingresos en 2025), franceses (el holding LVMH, por ejemplo), japoneses (Seiko, Casio) y hasta espa?oles (grupo Festina).
Tradicionalmente, la pelea se ha librado entre Suiza y Jap?n. Si los primeros vend?an preciosismo, los segundos se inclinaban hacia el utilitarismo, como si unos condujesen un Rolls-Royce y otros un Toyota Corolla. Un calibre de Seiko en su gama media o un Miyota vendido a terceras marcas lucen menos purpurina que los movimientos manufacturados por Audemars Piguet o Vacheron Constantin. Pero, con los a?os, la narrativa se ha convertido en literatura: la ley del swiss made, cuya leyenda puede encontrarse en el dial de muchos modelos, s?lo exige que el 60% de los costes de producci?n se generen en Suiza. Al ser tan cara la mano de obra en el pa?s helv?tico, sucede que una marca puede importar casi todo el movimiento de China a bajo coste, acometer el ensamblaje o testeo final en Suiza, y respetar pese a todo la letra de la norma.
A Tag Heuer le sacaron los colores con sus calibre 1887 en 2009, lo mismo le pas? a Panerai en 2021 con su P.9200 y no son infrecuentes los patinazos de micromarcas como la francesa Yema, aunque esta ?ltima enmend? su trayectoria al estrenar el movimiento CMM.10. El aficionado relojero suele empaparse de toda esta informaci?n y es muy dif?cil d?rsela con queso. Distingue a la perfecci?n el timo inflacionista de valores seguros como Hamilton, Longines, gran parte del cat?logo de Seiko, Formex, Christopher Ward, Nomos Glash?tte o la modesta y muy cumplidora Orient; denuncia cualquier amago de enga?o y aprieta al tramposo para que regrese al buen sendero y se curre las cosas.
Las cifras agregadas del sector no son modestas. Si se excluyen los relojes inteligentes, la facturaci?n estimada supera los 60.500 millones anuales, seg?n la consultora Grand View Research. Cada curso se venden entre 1.200 y 1.300 millones de relojes, y el cuarzo (alrededor del 70%) se impone claramente a los relojes autom?ticos. En Suiza, hay entre 60.000 y 65.000 profesionales dedicados a una industria que representa el 4% del PIB.
Escena local
Lejos de esa musculatura y sin tanta genealog?a, Espa?a cuenta con un actor industrial de peso y una escena independiente peque?a pero interesante. Grupo Festina (Barcelona) es el Goliat en la esfera dom?stica. Su cat?logo abarca seis marcas de relojer?a de gran consumo (Festina, Lotus, Calypso, Jaguar, Candino y Kronaby) y dos firmas de alta relojer?a (Perrelet y L. Leroy). Sin embargo, su activo m?s valioso es Soprod, el fabricante suizo de movimientos y componentes que controla desde finales de los a?os 90. Esa integraci?n vertical sit?a a Festina en una posici?n poco com?n: se trata de una empresa espa?ola con una pica en el tu?tano industrial de la relojer?a suiza.
Grupo Cadarso es el otro gran referente del mercado espa?ol. A trav?s de sus distintas sociedades combina marcas propias, como Radiant y Watx, con la distribuci?n de ense?as internacionales y la gesti?n de Tous Watches, la joint venture responsable del dise?o, fabricaci?n y comercializaci?n mundial de los relojes de Tous.
A vista de p?jaro
Tres fen?menos moldean el caj?n relojero mundial. El primero es el arre?n de los smartwatches, cada vez m?s comunes entre deportistas y gente de a pie, y m?s habituales en la mu?eca que un viejo aparato con manecillas, cuerda y cristal de zafiro. Por s? sola, Apple ser?a la segunda mayor marca del planeta s?lo por detr?s de Rolex. Sus diversas variantes del Apple Watch venden m?s unidades que todo el grupo Swatch. El segundo es la ascensi?n de China tanto a nivel mec?nico como a prop?sito de sus marcas. Fabrica m?s cuarzo que nadie (tanto para sus empresas como para much?simas otras de fuera), mejora en la ejecuci?n de sus calibres (Tianjin Seagull Watch Group fue fundado en 1955 por encargo del Gobierno chino y despunta hoy como el mayor fabricante mundial de movimientos mec?nicos) y suministra componentes a cualquier marca de la A a la Z. Y el tercero es la contrarreforma de la vieja escuela frente al reloj digital con estrategias muy variopintas: desde la aparici?n de marcas indies, hasta el mercado de segunda mano (al modo de un pre-owned de Leica), pasando por la escasez de stock como amplificador del deseo.

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