El Barça de Hansi Flick volvió a hacer uso de la Champions para mostrar su voluntad de trascendencia. Llegados a mediados del mes de marzo, cuando se asfalta la carretera hacia los títulos grandes, el equipo blaugrana va líder en la Liga y se mete en los cuartos de final de la máxima competición europea circulando a toda velocidad y dejando en la cuneta a un rival con un marcador que se comentará más allá de los Pirineos. Siete al Newcastle, “Fuck me!”.
Marc Bernal volvió a marcar: lleva cinco goles esta temporada
Alex Caparros / GettyEl fenomenal papel de este grupo de futbolistas en Europa la temporada pasada va a a tener por tanto continuidad, nada mejor para comprobar si un proyecto posee verdadero grosor o es flor de un día. Vistos de cerca en un Spotify Camp Nou de aspecto tan intimidante como reconocible (qué bien le sienta a los socios y al equipo haber regresado a casa), estos tipos impresionan.
El partido pareció extraído de la Premier, y en ese fútbol Raphinha y Fermín se salen
Hay que agregarle un par de particularidades nada menores a las buenas vibraciones que transmite este Barça. La estabilidad institucional, que descansará sobre la reelección del presidente Laporta con un incontestable apoyo social, y un cambio de piel en el equipo de fútbol que bordea el salto de paradigma pero que, amparado en los resultados y el entusiasmo que despierta, nadie discute. El Barça de Flick, en ocasiones en exceso, desprecia la posesión del balón como elemento para descansar y ordenarse entregado como está al toque de corneta permanente. Es este un tema sustancial, aceptado extrañamente sin debates que le acompañen.
El partido, en especial durante la primera parte, contuvo pasajes extraídos de la mismísima Premier, importación a la que se prestó el Barça de la electricidad y se adaptó encantado de la vida el Newcastle, con siete jugadores británicos en la alineación inicial galopando como si aquello fuera una deferencia, y la verdad es que eso parecía. Cinco goles en 45 minutos y un festival de idas y venidas propiciado por el sello identitario de los visitantes y por la disposición de los de Flick, que jugaron con cuatro delanteros (Fermín fue uno más) y un doble pivote desasistido con y sin balón. Pedri, demasiado solo, y Marc Bernal, que a sus 18 años está ofreciendo un rendimiento ejemplar, necesitaban acompañamiento y no lo tenían porque a su alrededor todo iba a toda pastilla, la cosa iba de vomitar jugadas y no de masticarlas, un escenario poco propicio para centrocampistas que necesitan contacto con la pelota pero del que gozaron muchísimo Raphinha, Fermín, Lamine Yamal, a veces, y no tanto Lewandowski, en su caso por una baja forma alarmante que corrigió en una segunda parte colosal por parte de todos. El polaco, lento a la carrera, poco animoso en la presión y desesperante en los controles, se apuntó dos goles tras la pausa desorientando a quienes claman por un adiós en verano y dando la razón a quienes apuestan por una renovación como agradecimiento a los servicios prestados, entre ellos el presidente.
Dilema-Lewandowski aparte, Raphinha y Fermín, jugadores de actitud nerviosa, triunfarían en la Premier sin ningún genero de dudas. El primero, nacido para ser entrenado por Flick, ya lo hizo en el Leeds, equipo que le catapultó al Barça, y al andaluz le persiguió el Chelsea para ficharlo no por casualidad.
Acabado el partido, uno y otro se besaron el escudo mientras la grada cantaba a capela el himno. Barça is coming.

Hace 18 horas
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