Bruselas impulsa un gemelo digital del océano para liderar la vigilancia marítima mundial

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La Unión Europea ha dado un paso decisivo en la carrera tecnológica mundial con la presentación oficial de su nuevo proyecto de monitorización marina. Se trata de una iniciativa que aspira a que Europa aporte el 35 % de la capacidad mundial de observación oceánica para el año 2035, un movimiento estratégico para no perder terreno frente a potencias rivales.

Durante la presentación, el comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, advirtió sobre la falta de conocimiento actual en este ámbito vital. "Aunque los océanos suponen el 70 % de la superficie de la Tierra, solo el 5 % se ha mapeado y explorado adecuadamente", señaló. Además, el comisario lamentó que esta área se encuentra infrafinanciada y en riesgo de colapsar precisamente cuando más información se requiere.

El núcleo tecnológico de esta ofensiva es un gemelo digital del océano, una réplica virtual alimentada por inteligencia artificial, supercomputación y una vasta red de sensores y satélites. Esta plataforma, que ahora se integra bajo el paraguas del programa OceanEye, permitirá anticipar fenómenos climáticos extremos y analizar ecosistemas marinos con una precisión sin precedentes, según detalló Mercator Ocean International, entidad encargada de operar el servicio Copernicus de la UE.

Para consolidar esta red, Bruselas ha firmado un acuerdo con la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco. El objetivo es potenciar el Sistema Mundial de Observación de los Océanos, el cual depende de infraestructuras como boyas, drones submarinos y satélites para ofrecer modelos de previsión meteorológica fiables en todo el globo.

Este despliegue se produce en un momento de gran competencia geopolítica. Mientras Estados Unidos ha anunciado fuertes recortes en su red de sensores oceánicos tras más de una década de operaciones, Pekín ha convertido la inteligencia marina en una de sus máximas prioridades. El director general de Investigación e Innovación de la Comisión Europea, James Morrison, fue tajante al respecto: "Europa no se puede permitir quedarse atrás".

Más allá del ámbito puramente científico, el control y análisis de las aguas internacionales resulta fundamental para la autonomía estratégica y la competitividad industrial. OceanEye abrirá la puerta a mejoras en sectores económicos clave como el transporte marítimo, la pesca, la energía eólica o la defensa militar, incluyendo la vigilancia de cables submarinos, infraestructura crítica para las telecomunicaciones.

Para hacer realidad este ambicioso plan, el Ejecutivo comunitario prevé movilizar más de 92 millones de euros. De esta partida, 50 millones irán destinados a las capacidades globales de observación, 12 millones a los sistemas de datos y los 30 millones restantes servirán para impulsar el desarrollo de empresas emergentes y tecnologías asociadas, afianzando la seguridad marítima de Occidente.

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