Cómo ser judío tras la destrucción de Gaza: “Habrá un cierto grado de vergüenza en las siguientes generaciones”

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Existe un clamor extendido en el mundo contra la crueldad ejecutada por el Gobierno de Israel contra los palestinos, pero este adquiere mucho más valor cuando llega desde filas judías. Desde intelectuales como Peter Beinart, nacido en Cambridge (EE UU) hace 54 años, que ha apostado la fuerza de su análisis y su pensamiento a abrir un debate que muchos quieren rehuir en su comunidad: Ser judío tras la destrucción de Gaza, publicado en español por Capitán Swing, es su último ensayo. El título lo dice casi todo.

“Cuando entro en una sinagoga ya no estoy seguro de quién me dará la mano y quién hará como si no estuviese”, confiesa Beinart en la Nota para un antiguo amigo que abre el libro. “¿Cómo alguien como yo, que aún se considera un judío leal, puede terminar siendo insultado por la calle por gente que cree que la lealtad judía requiere mi excomunión?”, prosigue. Beinart es profesor de Periodismo y Ciencias Políticas y columnista en The New York Times y The Atlantic, además de colaborador de otros medios en EE UU. Responde por teléfono desde Nueva York.

—¿Ha perdido amigos por sus ideas? ¿Por el libro?

—Sí, por supuesto, he perdido amistades y eso es duro, pero no es nada en comparación con lo que la gente sufre por la destrucción de sus casas, la pérdida de sus familias o el hambre. Mis opiniones me lo ponen más difícil en mi comunidad, pero no es nada frente a los problemas de los palestinos, de muchos judíos o incluso de americanos en la era Trump.

El libro de Beinart, judío estadounidense con orígenes familiares en Sudáfrica, traza precisamente una analogía con el régimen del apartheid para argumentar contra las acciones del Gobierno israelí. Los cuentos y leyendas que escuchaba en su juventud hablaban de una seguridad ―la de los blancos― que requería la supremacía para sobrevivir. Protegerse allí requería subyugar a los demás.

Lo que estamos viviendo, dice, tiene “un paralelismo con todo sistema político supremacista que concede a un grupo racial o religioso derechos superiores sobre los demás. Lo tenías en la Sudáfrica del apartheid, en el EE UU de la segregación o en Irlanda del Norte”, relata. “En esos sistemas la gente se acostumbra y tiende a ver la igualdad legal como una gran amenaza”. Los sudafricanos blancos se veían vulnerables ante el movimiento armado que les atacaba, el ANC, y creían que el apartheid les protegía. “Lo que intento en el libro es ver lo equivocado de esa lógica. Cuando das a la gente el derecho a votar, a moverse, a ser ciudadanos, la violencia baja porque ya hay una forma no violenta de que el Estado los escuche”.

Beinart defiende que los judíos de Israel estarían, por tanto, más seguros si respetaran los derechos humanos. “Es la violencia de la opresión la que genera esa contraviolencia. La libertad de los palestinos no solo les hará más seguros, sino también a los judíos de Israel. Sé que esto se interpreta como una violación de la solidaridad con otros judíos y eso es duro, pero creo hablar en el mejor interés para los judíos y los palestinos”.

—¿Es más difícil ser judío hoy, tras destrucción de Gaza?

—La tradición y la identidad judías han sido utilizadas para cometer crímenes terribles contra los palestinos. Y eso es un desafío moral y espiritual que hoy tenemos que afrontar como judíos.

El libro describe una tendencia eterna de los judíos a verse a sí mismos como víctimas, resultado de una historia de antisemitismo y ataques brutales que encontraron la máxima expresión en el genocidio nazi. “Esa tendencia es resultado de una larga historia de victimización judía, pero también una forma de eludir la responsabilidad por lo que Israel está haciendo a los palestinos”. La representación que se hacen los judíos de sí mismos, describe, es la de un pueblo destinado por la historia a enfrentarse a perpetuidad a la aniquilación y sobrevivir milagrosamente. Una mirada selectiva que excluye que “nuestros antepasados fueron esclavistas además de esclavos”, afirma en el libro. Y así ha seguido a pesar de tener un Estado.

¿Y el antisemitismo, ese concepto que el Gobierno israelí atribuye siempre a cualquier crítica a su actuación en Gaza? ¿No hay peligro de minar la gravedad de lo que significa? “Sí”, responde, “esto abarata el concepto y le permite desviar la mirada y cambiar de tema por completo”. “Los judíos han sufrido inmensamente durante siglos el antisemitismo por el fanatismo contra los judíos. Hoy tenemos la responsabilidad de reconocer esta herencia sagrada de nuestros antepasados y no deberíamos abaratarla comerciando con el capital moral de lo que les hicieron para silenciar, intimidar o parar argumentos que son legítimos contra una guerra que éticamente no pueden defender”, asegura.

Beinart siente que muchos judíos están fallando a sus propios hijos. “La siguiente generación tendrá que contar con las consecuencias morales de lo que se está haciendo en nombre del pueblo judío y habrá un cierto grado de vergüenza”, asegura. “Esto requerirá que los judíos reinventen formas de vivir como judíos que no estén envueltas en esta narrativa usada para justificar la destrucción de Gaza. Y me anima que en particular hay mucha gente, sobre todo jóvenes, que están empezando ese trabajo y que no están implicados en el sistema de la supremacía judía”.

Por ello, Beinart siente que los judíos necesitan un nuevo cuento distinto al que se cuentan a sí mismos para ignorar los gritos de los demás y encogerse de hombros, cuando no aplaudir. Y tiene la esperanza de que la destrucción de Gaza sirva un día como punto de inflexión en la historia judía.

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