A primera hora de la mañana, decenas de personas aguardan para vacunar a sus niños en un centro de salud de Gagi, a las afueras de la ciudad de Sokoto, en el noroeste de Nigeria, una de las regiones con menor tasa de vacunación del país, donde los habitantes de las zonas rurales no tienen a menudo acceso a consultorios o clínicas. Pero en Gagi, donde viven unas 50.000 personas, un sistema de solidaridad, diseñado y financiado por los habitantes ha incrementado las tasas de inmunización con ayudas económicas que facilitan el transporte hasta el ambulatorio.
Nigeria, cuya población supera los 232 millones de habitantes, tiene más de dos millones de niños y niñas que no han recibido ni una sola vacuna. Es el país con mayor número de menores cero dosis del mundo. Una cifra habla por sí sola: un 71% de los menores recibe la primera dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP1), considerado el marcador clave en inmunización, cuando la media mundial es del 89%. En el norte, debido a problemas de acceso a servicios sanitarios, falta de información de las familias o creencias religiosas, la inmunización sigue siendo peligrosamente baja. En 2023, Unicef alertaba de que en el Estado de Sokoto, cuya capital es la ciudad homónima, había más de 122.000 niños cero dosis.
Aisha Sani Gagi llevó a su pequeño de tres años a este ambulatorio para vacunarlo contra la poliomielitis. La visita se produjo más tarde de lo que ella hubiera deseado. En el calendario de inmunización de Nigeria, la dosis cero de la vacuna oral contra la polio se debe administrar después del nacimiento. Luego vienen las siguientes dosis a las seis, 10 y 14 semanas.
“Tenía la intención de traer a mi hijo mucho antes”, afirma la madre. Pero los cinco kilómetros que separan su aldea del centro de salud fueron el obstáculo principal.Entonces, un vecino le habló de la Iniciativa de Concientización y Desarrollo Comunitario (CADI, por sus siglas en inglés) que apoyaba a los cuidadores con una ayuda económica para cualquiera que estuviera dispuesto a acudir al centro de salud.
Me dirigí al líder de nuestra comunidad y me dieron 2.000 nairas (unos 1,30 euros). Eso fue suficiente para pagar el transporte y vacunar a mi recién nacido
Aisha Sani Gagi, madre nigeriana“Me dijo que me podían dar una ayuda para cubrir los gastos de transporte de ida y vuelta, y me pidió que me pusiera en contacto con ellos cuando lo necesitara”, relata. “Me dirigí al líder de nuestra comunidad y me dieron 2.000 nairas (unos 1,30 euros). Eso fue suficiente para pagar el transporte y vacunar a mi recién nacido”.
Según Shehu Abubakar, que preside el Comité de desarrollo del distrito, más de 5.000 progenitores o cuidadores han recibido apoyo de este programa local desde su creación en 2014, cuando líderes locales formaron grupos para mejorar la calidad de vida en los ámbitos de la agricultura, la salud y la educación. Entre las ideas lanzadas estaba la de crear una especie de seguro médico para ayudar a las familias de bajos ingresos a acceder a las vacunas, gracias a la solidaridad de los habitantes con más recursos, que financiaban este fondo común.
Haruna Abubakar, responsable sanitario local, afirma que la iniciativa ha atraído a padres y madres reacios que antes se negaban a llevar a sus hijos a vacunar debido a la distancia. El resultado, según él, ha sido que el número de menores vacunados aumente en un 133% y las visitas mensuales a la clínica suban en un 367%.
La pequeña comunidad está demostrando cómo la implicación local puede romper las barreras que desde hace tiempo impiden la inmunización
Abubakar Wurno, comisionado de salud del Estado de Sokoto“Una necesidad imperiosa”
La iniciativa ha tenido tal éxito que será imitada en otros 243 centros de atención primaria del Estado en 2026, explica Abubakar Wurno, comisionado de salud del Estado de Sokoto, en una entrevista con EL PAÍS. “La pequeña comunidad está demostrando cómo la implicación local puede romper las barreras que desde hace tiempo impiden la inmunización”, celebra.
Por su parte, el Gobierno nigeriano insiste en que la inmunización en el país ya es gratuita, pero sus críticos recalcan que son iniciativas como la que se lleva a cabo en Gagi las que verdaderamente impulsan a los padres, madres y cuidadores a usar los servicios ya existentes.
Un estudio realizado en Nigeria en 2016 concluyó que factores como el lugar donde vive el niño, la alfabetización de la madre y el nivel socioeconómico de la familia son claves para la inmunización. La mayoría de las madres, en las que recae habitualmente la tarea de inmunizar a los menores, ”querían vacunar a sus hijos, pero el coste de llegar al centro de salud era el gran obstáculo”, reafirma Kabiru Dogondaji, uno de los responsables del centro de salud local.
“Esta iniciativa ha animado a los cuidadores a tomarse en serio las vacunas. Ahora es una de las prioridades de los hogares de la comunidad”, celebra el líder comunitario Muhammad Aliyu, destacando que la iniciativa abarca más que las vacunas infantiles ya que unas 50 mujeres se benefician diariamente de diversos servicios en el centro de salud, como cuidados prenatales o planificación familiar.
El jefe tradicional de la comunidad, Sani Umar, también es consciente de la importancia de esta iniciativa. “Aumentar la cobertura y la aceptación de la vacunación en mi comunidad no es solo un objetivo, es una necesidad imperiosa”, afirma.
No contamos con una cantidad estable de ingresos. A menudo recibimos cantidades muy pequeñas que solo llegan para comprar medicamentos esenciales y donarlos al centro de atención primaria de salud
Shehu Abubakar, líder comunitarioEl desafío de la financiación
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Alianza por las vacunas (Gavi) y Unicef han alertado en estos meses de que los logros conseguidos en materia de vacunación están en riesgo y que los recortes en cooperación de parte de Estados Unidos, pero también de países europeos, están dejando expuestos a un mayor número de menores a enfermedades como el sarampión y la poliomielitis. “Los drásticos recortes en la ayuda, junto con la desinformación sobre la seguridad de las vacunas, amenazan con deshacer décadas de progresos”, advirtió el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
En noviembre de 2020, la OMS certificó oficialmente que Nigeria estaba libre de poliomielitis. Fue el último país endémico de África en recibir este estatus. El último caso de poliomielitis en el país se registró justamente en el Estado de Sokoto en 2012. Ahora, el reto del Nigeria es avanzar hacia la erradicación de la polio. Para eso, es clave que todos los niños estén inmunizados. En la región de Gagi, este objetivo depende de la voluntad de los vecinos de más recursos que hacen donaciones para este programa comunitario, lo cual genera dudas sobre su sostenibilidad.
“No contamos con una cantidad estable de ingresos. A menudo recibimos cantidades muy pequeñas que solo llegan para comprar medicamentos esenciales y donarlos al centro de atención primaria de salud”, explica Shehu Abubakar, responsable del Comité de Desarrollo.
Los líderes comunitarios afirman que se están manteniendo conversaciones para involucrar a socios potenciales como Gavi y Unicef con el fin de garantizar el apoyo externo.
Chika Offor, directora ejecutiva de la organización internacional Red de vacunación para el Control de Enfermedades (VNDC, por sus siglas en inglés), advierte de que la viabilidad a largo plazo dependerá justamente de la diversificación de la financiación y de la integración de estos modelos comunitarios en los sistemas estatales. “La financiación sostenible es clave. Otros Estados deberían invertir en seguros médicos para garantizar que las mujeres embarazadas tengan acceso a una atención de calidad sin dificultades económicas”, afirma.

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