Davos afronta el desgaste del modelo entre escándalos y el auge del proteccionismo

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Hoy arranca como cada año en Davos (Suiza) el Foro Económico Mundial. Estamos ante una edición récord por número de asistentes (casi 3.000 líderes glo­bales). Y esto pese a que tanto los valores que encarna este acontecimiento (la globalización de los mercados) como el funcionamiento de la misma institución estén atravesando sus momentos más difíciles en décadas, en plena crisis de identidad.

“El declive de Davos: ¿logrará sobrevivir el Foro Económico Mundial?”. Así titulaba el pasado mes de octubre el F inancial Times. Todo parece indicar que sí va a sobrevivir (por lo menos este año), en una edición (la número 56) que estará marcada por el desembarque masivo de la delegación estadounidense (con Donald Trump y Scott Bessent, su secretario del Tesoro, a la cabeza). Los norteamericanos ocuparán un extenso pabellón privado fuera del centro de congresos de tal magnitud que tuvo que ser financiado por Microsoft y McKinsey con un millón de dólares cada una.

Klaus Schwab, el fundador y alma mater de esta institución (recordémoslo: privada y que factura cerca de 500 millones anuales y cuenta con casi 1.000 trabajadores) está en el ojo del huracán, eternamente bajo sospecha. Él, que afirma que se merece el premio Nobel de Economía por haber concebido el célebre Informe de Competitividad Global, fue incluso acusado de manipular los criterios del mismo para favorecer a determinados países.

En agosto una investigación dirigida por el bufete suizo Homburger sobre el Foro de Davos analizó más de 100.000 correos electrónicos, examinó otros 65.000 documentos, realizó entrevistas con trabajadores. Se encontraron irregularidades –gastos que carecían de una justificación clara, líneas difusas entre los gastos personales y profesionales, mala gestión de la plantilla–, pero nada que pudiera cruzar la frontera de la ilegalidad. Como mucho, problemas de gobernanza.

Las élites globales tienen que lidiar ahora con la fragmentación económica

Aunque salió indemne, Schwab dio un paso al lado (tiene 87 años) para que el Foro Económico Mundial consiga caminar sin él, con el célebre financiero Larry Fink (BlackRock) como copresidente interino, entre otros gestores. Con la renovación de la cúpula y la legalidad despejada, el Foro Económico de Davos confía en que va a mantener su influencia más allá de su fundador. “Klaus Schwab nunca quiso asegurar su sucesión y se cree inmortal”, bromea un veterano cronista ginebrino que cubrió varias ediciones del Foro. “El tema de fondo es el creciente declive del papel internacional de Suiza. Al país solo le queda arbitrar entre EE.UU. e Irán. Pero en este caso Qatar ya se está convirtiendo en el mediador político y financiero”, lamenta el citado periodista. Guy Parmelin, hoy presidente de la Confederación Suiza, asegura que Davos contribuye al “prestigio internacional del país”, pero un sondeo de la cadena pública RTS en 2023 mostraba que dos de cada tres suizos consideraba que los 30 millones de euros de gasto público para garantizar la seguridad del evento “no salen a cuenta”.

“Una de las características de Davos es la de atraer a la crème de la crème , los empresarios más deslumbrantes, los miembros más prometedores de la clase política, los intelectuales de referencia en sus campos. Pero de tanto querer reinventar la economía se termina girando en círculos”, escribía la revista suiza Bilan en un reportaje de agosto de 2024.

En el Foro no se decide nada. Tampoco fue capaz de prever la crisis financiera de 2008. “Davos es la mayor operación de lobby en la Tierra. La gente más poderosa del planeta se reúne a puerta cerrada, sin rendir cuentas, y escriben las reglas para el resto del mundo. Esta es la magia de Davos”, resumía un ejecutivo a Peter Goodman, autor del libro Davos man: cómo los milmillonarios devoran el mundo. Jamie Dimon, máximo ejecutivo de JPMorgan, fue aún más mordaz: “Davos es un lugar donde los millonarios explican a los millonarios lo que sienten las clases medias”.

Sin embargo, el mundo ha cambiado mucho en los últimos años y el llamado hombre de Davos anda un tanto perdido, patinando con su limusina sobre el hielo de esta estación alpina.El multilateralismo que tanto defendió y explotó la criatura de Schwab está en retroceso, el proteccionismo gana enteros y la rivalidad entre EE.UU. y China se agrava.

La geopolítica emerge como el mayor factor de riesgo en una reunión más pensada para los negocios

El enfrentamiento entre las élites (que en Davos se sienten como en casa) y el Sur Global define un panorama que es hostil no sólo para su mensaje de cara a la galería (“comprometidos en mejorar el estado del mundo”), sino para su vocación real, hacer negocios.

Los resultados del último Global Risk Report, elaborado por el Foro tras entrevistar a miles de líderes globales, dibujan un mundo asustado más por la geopolítica que por las preocupaciones de índole económica. La confrontación entre los estados se erige como el principal riesgo mundial para el próximo bienio. Los conflictos armados han subido hasta el segundo lugar entre los peligros más inmediatos. En lo que respecta al horizonte a 10 años, el 57% de los encuestados prevé que vamos hacia tiempos “turbulentos o problemáticos”.

“En un mundo ya debilitado por el aumento de las rivalidades, las cadenas de suministro inestables y los conflictos prolongados con riesgo de desbordamiento regional, tal confrontación conlleva consecuencias globales sistémicas, deliberadas y de gran alcance, que incrementan la fragilidad de los estados”, afirma el estudio.

Cabe preguntarse si este Foro, que no nace con la ambición de resolver fricciones geopolíticas, es la mejor sede para abordar los retos que se plantean en las próximas décadas. En 1988 Davos contribuyó a cerrar un conflicto diplomático entre Grecia y Turquía y en 1992 a juntar a Nelson Mandela y F.W. De Klerk, pero eso fue hace muchos años. El lema de 2026, “un espíritu de diálogo”, suena más como un brindis al sol que como un objetivo alcanzable.

Una investigación detectó conductas irregulares e impropias por parte de la institución

A la bucólica cita en la “montaña mágica” le están surgiendo competidores. La Conferencia de Seguridad de Munich, llamada la “Davos de la defensa” por el contenido de sus reuniones, ya convoca el doble de jefes de Estado. Y la Iniciativa de Inversión Futura de Arabia Saudí, conocida como la “Davos del desierto”, tiene tres veces más participantes.

Nutrida delegación española

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un asiduo frecuentador del foro, con sus fluidas intervenciones en inglés. Este año le acompañará el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, además de otros tres miembros del Ejecutivo (Sara Aagesen, de Transición Ecológica; José Manuel Albares, de Exteriores; y Óscar López, de Transformación Digital), el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, y empresarios como José Manuel Entrecanales (Acciona), Ana Botín (Banco Santander), Carlos Torres (BBVA), Marc Murtra (Telefónica), Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), Josu Jon Imaz (Repsol), Rafael del Pino (Ferrovial) y Francisco Reynés (Naturgy).

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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