La tragedia de Adamuz concita el lógico interés de todos los medios de comunicación. La voracidad informativa tiene un tempo diferente del de la investigación. La prioridad de los bomberos es liberar a las víctimas de los vagones destrozados, no atender a reporteros impacientes o especular sobre la causa del accidente. La presencia del ministro Óscar Puente tiene un valor simbólico. Cuando define el accidente como “tremendamente extraño”, sabe que esta frase será analizada con más demagogia que rigor.

En el caso del ingreso hospitalario del presidente Salvador Illa, la prudencia ha marcado el protocolo comunicativo. Los médicos anunciaron que irían descartando posibles causas siguiendo una lógica descendente de gravedad. En realidad, para consensuar un diagnóstico, solo siguieron un método para llegar a una conclusión rigurosa. Ojalá la política siguiera este sistema de análisis y comunicación de la realidad.
Bob Pop podría ser el Rodolfo Chikilicuatre de Barcelona en Comú
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Groenlandia, en Julia en la Onda (Onda Cero), Roger de Gràcia sale a la calle y pregunta: “¿A cambio de cuánto dinero aceptarías dejar de ser español?” En medio de un caos geopolítico diabólico, la encuesta actúa como un analgésico no vinculante. Los entrevistados hacen declaraciones de patriotismo insobornable hasta que el entrevistador sube el precio que estaría dispuesto a pagar, no se sabe si como un simulacro de qué pasará cuando haya que negociar de verdad. ¿Este juego devalúa la política? Puede que sí, pero no tanto como la frivolidad de los portavoces de los partidos y la arbitrariedad de una justicia cada vez menos democrática.
Que Bob Pop aspire a ser el candidato de Barcelona en Comú recuerda el momento en el que Rodolfo Chikilicuatre participó en Eurovisión. Aquella broma acabó siendo un milagro tan pop como el apellido artístico del candidato a la alcaldía. Me consta que el sector más ulceroso de Comuns está viviendo el anuncio de Bob Pop con la misma inflamación estomacal que los dirigentes de TVE sufrieron para digerir el éxito de Chikilicuatre. Gerardo Pisarello tiene todo el apoyo del poscolauismo para ganar las primarias, pero preferiría ganarlas en un clima de aclamación orgánica unitaria y de espíritu de alternativa. Una alternativa que, por cierto, invita a los que la votaron en el 2023 a preguntarse: ¿conocemos el nombre de los concejales de Barcelona en Comú? ¿Y sabemos qué han hecho hasta ahora?
Que la división de la izquierda debilita la capacidad de influencia es evidente. En La Vanguardia , el coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, decía, siguiendo la retórica del vacío, que la izquierda tenía que abrir un nuevo ciclo más allá de Sumar. “Abrir un nuevo ciclo”, afirmaba, sabiendo que este concepto no tiene ningún valor ni de diagnóstico ni de pronóstico, pero sí perpetúa el espectáculo de la decadencia de –cuanto más ambiguas, mejor– las buenas intenciones.

Hace 7 horas
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