El alquiler está tan caro que los neoyorquinos viven con monjas

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Katie Rettig lleg? a la Gran Manzana con dos maletas de 50 libras, un trabajo que empezaba a la ma?ana siguiente y ning?n sitio donde vivir. Los alquileres de corta duraci?n amueblados en Manhattan rondaban los 5.000 d?lares al mes. Entonces, en la p?gina 15 de los resultados de b?squeda de Google, encontr? un convento.

Pocos d?as despu?s, Rettig se estaba instalando en una habitaci?n amueblada en la Residencia del Sagrado Coraz?n, en el barrio de Chelsea, mientras una monja le ense?aba el lugar. El sitio estaba limpio, el precio era justo y cada noche hab?a una cena caliente sobre la mesa. Pens? que podr?a apa??rselas con el toque de queda de las 23:00 a pesar de los eventos nocturnos de su trabajo en una empresa de whisky.

"Las monjas son geniales", afirm? Rettig. "Son muy relajadas".

Tras seis semanas en el Sagrado Coraz?n, sali? de la lista de espera de la Residencia de Santa Mar?a, en el Upper East Side, donde vivi? casi un a?o. A Rettig, de 32 a?os, los beneficios de vivir en un convento le parecieron evidentes: seguridad, comunidad y nada de contratos de alquiler anuales. "Conf?o m?s en las monjas que en desconocidos del Marketplace de Facebook", confes?.

Bienvenidos al mercado de alquiler de Nueva York, donde la media de los precios solicitados alcanz? los 3.616 d?lares en el primer trimestre de este a?o, un 20% por encima de los niveles prepandemia, seg?n Realtor.com. Para llegar a fin de mes con el sueldo inicial, algunos j?venes profesionales se est?n mudando a conventos.

La Residencia del Sagrado Coraz?n le cobraba a Rettig unos 1.650 d?lares al mes, mientras que la Residencia de Santa Mar?a le sal?a por unos 1.200 d?lares. Otras residencias como la de Santa In?s en el Upper West Side, que empieza en unos 950 d?lares al mes, y el Centro Mar?a en el Bronx, que cobra unos 800 d?lares mensuales. La mayor?a de las casas aceptan residentes no cristianas y no exigen ninguna pr?ctica religiosa.

Eso s?, vienen con normas. Algunas tienen toques de queda a las 23:00 o a medianoche. Las casas de mujeres proh?ben las visitas masculinas en las habitaciones, y lo mismo suele ocurrir con el alcohol.

En el Centro Mar?a, cinco hermanas conviven con sus 21 residentes en un edificio de ladrillo rojo de cuatro plantas. Cada ma?ana las monjas, algunas de ellas de m?s de 90 a?os, preparan el desayuno para la casa: una variedad de tortitas, huevos, salchichas, frutas y zumo. Limpian el edificio y organizan fiestas para que las residentes puedan conocerse entre s?. Hay una m?quina de karaoke en el comedor y a veces las monjas se unen al canto.

"Me encanta vivir con las chicas. Me mantienen joven", dijo la hermana Rita, una de las monjas.

La hermana Rita creci? en Filipinas, donde estudi? empresariales en la universidad y asumi? que tendr?a una carrera normal y se casar?a. "La palabra monja no estaba en mi vocabulario", confes?. Entonces pas? un tiempo viviendo ella misma en un convento. "Dos a?os despu?s ya llevaba el velo", cont?.

El d?a a d?a de la gesti?n de la casa recae en las cinco hermanas de forma rotativa. Un panel en el vest?bulo indica qui?n est? dentro y qui?n fuera. Las monjas permanecen despiertas hasta que todo el mundo est? en casa. "No me voy a la cama si no s? d?nde est? alguien", dijo la hermana Mar?a de Jes?s. Cuando una chica env?a un mensaje a las 23:30 diciendo que llega tarde, la hermana Mar?a espera tumbada en la cama. "Ma?ana la mato", suele pensar, pero se levanta de todos modos cuando la puerta finalmente se abre.

La hermana Mar?a rega?a a las chicas por las habitaciones sucias y las lavadoras demasiado llenas, y realiza inspecciones de las estancias dos veces al mes. "No sabr?is la fecha, pero all? estar?", dijo con una sonrisa. Cuando las residentes traen a un novio a casa, la hermana Rita les da el visto bueno. A veces, les dice que no le gusta el chico.

Estas pensiones se fundaron para alojar a j?venes, principalmente mujeres, que llegaban solas para trabajar en Nueva York. En su mejor momento a principios del siglo XX, decenas de organizaciones en toda la ciudad ofrec?an este tipo de alojamiento. La mayor?a han cerrado, v?ctimas del aumento de los costes de mantenimiento, la reducci?n de las ?rdenes religiosas y las alteraciones de la era de la pandemia. El Sagrado Coraz?n, donde vivi? Rettig, ha cerrado desde entonces por razones que no se aclararon de inmediato.

Entre las que quedan, las listas de espera se alargan durante meses.

Para Diana Janna Reyes N??ez, de 26 a?os, el Centro Mar?a se convirti? en un salvavidas tras la muerte de su madre. Viv?a no muy lejos de la residencia del Bronx cuando, de repente, necesit? un lugar asequible a donde ir. "Las finanzas han sido una lucha constante para m?", coment?. Poder pagar el alquiler era m?s llevadero al tener incluidos los suministros, el Wi-Fi y el desayuno. Pero fueron las monjas quienes la ayudaron a superar el duelo.

Jeralene Mar?a, que lleg? a Nueva York desde la India, hab?a vivido en una residencia similar en su pa?s, por lo que la organizaci?n le resultaba familiar. Una monja le ha estado ense?ando a cocinar y cada ma?ana asiste al servicio de la capilla.

No todas las casas son solo para mujeres. Kolping House, una organizaci?n cat?lica en el Upper West Side, gestiona unas 90 habitaciones con dos plantas para hombres y una para mujeres, y sin toque de queda.

Walter Heckem, de 63 a?os, se mud? a la residencia hace unos a?os y dice que las cenas gratuitas, especialmente los platos de pasta y carne, le recuerdan a los olores que inundaban la casa de su infancia. El trayecto hasta su trabajo como conserje en Manhattan tambi?n es c?modo. "La ubicaci?n es perfecta", afirm?.

Hannah Keziah Agustin, una estudiante de posgrado de la NYU de 24 a?os, se mud? el pasado agosto a Menno House, una residencia para 10 personas en Gramercy afiliada a la Comunidad Menonita de Manhattan. La habitaci?n m?s peque?a cuesta 580 d?lares al mes.

"Era el sitio m?s barato que encontr? en Manhattan", dijo. En esta casa mixta, los residentes comparten las tareas de la cocina, se turnan para la limpieza de los ba?os y realizan una limpieza a fondo cada seis semanas: rodapi?s, alfombras, escaleras.

El gerente Greg Springer se?al? que la asequibilidad impulsa el inter?s, pero que la comunidad tambi?n es un gran atractivo.

Agustin prepara regularmente el desayuno y la cena con sus compa?eros mientras estudia para sus tareas del m?ster en Bellas Artes. Una vez, cuando un compa?ero de casa defendi? su tesis doctoral en Fordham, dos residentes hicieron el viaje para ir a verle. La lista de inquilinos de la casa ha incluido a un te?logo indonesio, un cantante de un centro de ?pera y un traductor japon?s de la ONU al que la casa ayud? a apuntarse a una aplicaci?n de citas. M?s tarde se cas? e invit? a todos a la boda.

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del ingl?s por Daniela Saltos.

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