El dilema ante Trump: apaciguar o alzar la voz

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Tres de cada cuatro encuestados por el CIS considera que Donald Trump vulneró el derecho internacional con su incursión en Venezuela para secuestrar a Nicolás Maduro. La mayoría también confiesa que la noticia le produjo preocupación. La inestabilidad internacional y una creciente sensación de vulnerabilidad en un mundo en el que las viejas reglas y contrapesos entre países parecen haberse desvanecido empiezan a apoderarse del ánimo de los ciudadanos, un fenómeno que tendrá consecuencias, aún inciertas, en las urnas. A pesar de ello, España sigue viviendo con más desapego la política exterior que el resto de los europeos y así lo reflejan también nuestros políticos, a los que rara vez se les escuchan reflexiones más o menos elaboradas en esa materia.

Pero en los últimos años los ciudadanos han podido comprobar en carne propia cómo la geopolítica les puede afectar de manera muy directa. Por eso, nadie se toma a broma la amenaza de Trump sobre Groenlandia después de la operación de Venezuela y cuando aún no se ha cerrado una guerra en suelo europeo como es la de Ucrania. España concibió Europa como un paraguas protector y ahora la gran pregunta es si ese cobijo está preparado para defender su soberanía, su independencia, su economía y, por tanto, el modo de vida de sus ciudadanos. ¿Cuál debe ser la respuesta de la UE a la actitud de EE.UU.? El Gobierno defiende que es necesario ser más firmes ante Trump, mientras que el PP se mueve en la ambigüedad, en línea con sus colegas de partido europeos. ¿Por qué?

La actitud de Trump descoloca a una parte de la extrema derecha en Europa. Unos líderes apoyan al presidente norteamericano, mientras otros, como Marine Le Pen, ponen por delante la soberanía y critican la incursión venezolana. Por su parte, los conservadores han apostado durante este primer año de trumpismo por la táctica del apaciguamiento, cuando no de la adulación como en el caso de Mark Rutte, secretario general de la OTAN. Esa contención en el trato con Trump, incluido tragarse algunos sapos como la humillante foto de la Sala Oval de agosto pasado, es apreciable en las declaraciones de la mayoría de líderes conservadores, como el del PPE, Manfred Weber, del canciller alemán Friedrich Merz o de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

La lealtad de los daneses a EE.UU., incluida la militar, no les ha evitado una amenaza cierta

No es extraño que a buena parte de los europeos les resulte difícil hacerse a la idea del fin de la estrecha alianza mantenida con EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial. En España esa relación es más tibia. Aquel país ayudó al franquismo y después acompañó la transición democrática, pero no existe aquí un sentimiento de fraternidad con EE.UU. como ocurre en otros países europeos. El caso de Dinamarca es incluso más acentuado. Los daneses son atlantistas hasta la médula, los aliados más fieles de EE.UU. No solo de palabra. No han dudado en implicarse en misiones impulsadas por Washington en diferentes zonas del mundo. En Afganistán, por ejemplo, Dinamarca sufrió la tasa de mortalidad más alta por habitante de todos los países de la OTAN. Y, por supuesto, cumplen con el 5% de gasto militar que exige Trump. Tienen motivos para estar en shock.

Los líderes europeos (sin Sánchez) ante Trump en el despacho oval en agosto pasado

Los líderes europeos (sin Sánchez) ante Trump en el despacho oval en agosto pasadoEFE

En la posición de tibieza europea no pesa solo cierto alineamiento ideológico y una historia de cooperación, sino también el convencimiento de que el gran enemigo sigue siendo Rusia y que la prioridad es propiciar un acuerdo con garantías para Ucrania. Si EE.UU. mueve ficha para hacerse con Groenlandia, Vladimir Putin tendrá argumentos para ir más allá en su expansionismo. En Bruselas existe una profunda preocupación por que Rusia espere a recuperarse militarmente de la invasión de Ucrania y en un par de años pueda repetir la operación con alguno de los países bálticos, por ejemplo.

En ese contexto, son pocos los que defienden que la prudencia no ha dado resultado y que Trump solo entiende el lenguaje de la firmeza. Entre ellos Pedro Sánchez, que considera que la UE está siendo demasiado complaciente con el líder norteamericano. Puede aducirse que Europa no dispone de capacidad militar propia como para ir amenazando a nadie, pero algunas voces puntualizan que sí cuenta con un peso económico notable, ya que representa un mercado de 450 millones de personas, especialmente jugoso para las grandes tecnológicas norteamericanas. Otra cuestión es si los europeos están dispuestos a asumir posibles costes de una posición más dura.

“Seré todo oídos”, dice Sánchez a ‘La Vanguardia’ sobre la posición del PP en un tono de reto

De hecho, uno de los reproches de la oposición a Sánchez es que pone en riesgo sectores de la economía española con sus críticas a Trump. El presidente del Gobierno no solía citar al líder norteamericano durante la crisis de los aranceles para evitar represalias directas a España, aunque mostró su disconformidad con los acuerdos alcanzados por Von der Leyen con EE.UU. en esa materia. Sánchez también se plantó en el gasto militar y no dudó en reconocer el Estado palestino, en reforzar los lazos con China y en criticar el secuestro de Maduro. En la entrevista que hoy publica La Vanguardia es más explícito en esa censura a Trump y anuncia que piensa visitar de nuevo a Xi Jinping.

Ese posicionamiento tan claro se produce en vísperas de la reunión que mantendrá hoy con Alberto Núñez Feijóo sobre política exterior. “Seré todo oídos”, reta. En la Moncloa creen que la posición del Gobierno es más nítida y comprensible para la mayoría de los españoles, mientras que la del PP resulta más desconcertante y polifónica, con los acentos de Ayuso, Aznar y el propio Feijóo. Derivado del cambio de tendencia ideológico en Europa, Sánchez está en minoría y ha perdido influencia política en Bruselas, pero pretende erigirse en portavoz de quienes abogan por otra forma de relacionarse con EE.UU., convencido de que ésa acabará siendo al final la posición que se acabe imponiendo en Europa. Con la reunión de hoy, Sánchez busca obligar a Feijóo a expresar su posición ante Trump: ¿apaciguar o alzar la voz?

María Dolores García García

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán

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