“Arbeloa me ha causado una gran impresión. Ha abierto a los interiores para evitar esas presiones. Me ha gustado, muy bien, muy bien, tendrá una larga carrera”, dijo Pep Guardiola, resignado por la derrota en la sala de prensa del Etihad, pero caballero a la hora de saludar a todo el cuerpo técnico y los jugadores del Real Madrid y reconocer el nivel mostrado por el equipo blanco en la eliminatoria que finalizó 1-5.
No es la primera vez que el técnico de Santpedor habla bien del madridista, quien apenas ha tenido partidos en la elite para que se le juzgue, pero que en dos meses y medio le ha cambiado el estilo al Real Madrid y parece que ha dado con la tecla: se coló en los cuartos de la Champions con rotundidad y sigue a cuatro puntos del Barcelona en la Liga. Y, lo más trascendental, ha enchufado a futbolistas que antes estaban con problemas graves de rendimiento, como Huijsen, Trent Alexander Arnold, Brahim o el propio Vinícius, símbolo de su Madrid junto a Valverde.
El cambio de Arbeloa nace en un dolor de muelas. El de Eduardo Camavinga para ser más exactos. El futbolista fue baja ante el Getafe, lo que le abrió las puertas a Thiago Pitarch, de 18 años, una apuesta arriesgado del técnico que ha acabado por salir bien. Aunque en aquel encuentro el Madrid tocó fondo, encontró a un futbolista dinámico en el centro del campo que le daba otro aire al juego y a la presión. En Vigo, aunque el Madrid ganó de milagro, su participación fue a más (1-2).
Esa noche, el técnico introdujo otra novedad. Sentó a Gonzalo y dio entrada a Brahim. Era un Madrid menos mordiente pero más asociativo, con futbolistas chisposos y de piernas. Valverde, Tchouaméni, Pitarch, Güler y Brahim... Cinco jugadores con pulmones y talento, cada uno con su estilo. Ellos salieron de inicio ante el City, en el 3-0 que puede cambiar el destino del Real Madrid esta temporada.
Antes de esa fecha, Arbeloa no se encontraba. Es curioso que el mejor Madrid saliera sin Kylian Mbappé (“es complicado pensar que sin el mejor del mundo eres más competitivo”, dijo), potenciando las piernas de Valverde y Vinícius, enchufado por la habilidad de Brahim, el talento de Güler y los pulmones de Pitarch. Especialmente, el equipo blanco ha ganado compromiso defensivo, lo principal para el nuevo técnico, como recalcó en Manchester: “Lo importante es que aprendamos de cómo tenemos que ganar cada partido: compromiso, sacrificio y oficio. Y, sobre todo, siendo un equipo. Mentalidad colectiva”.
Precisamente ahora, el técnico afronta dos nuevos desafíos, que son los de integrar a Mbappé y Bellingham, quien ya viajó a Manchester aunque lo vio desde la grada, en la idea colectiva que está triunfando en el equipo blanco. Se entiende que la entrada de Mbappé sentará a Brahim y la del inglés a Güler, con tal de no perder ese equilibrio con Pitarch, Valverde y Tchouaméni. No obstante, está por ver el rendimiento y el funcionamiento colectivo.
El calendario del Real Madrid se empina. El derbi del domingo, el parón por selecciones para recuperar a todos los efectivos, y posteriormente la eliminatoria de Champions ante el Bayern. Sereno, sosegado en sus gestos, con una sangre fría pasmosa, Arbeloa salió del Etihad como entró, sin que le temblara ni un músculo de la cara, como si hubiera nacido acostumbrado a esta exigencia. Con ese ADN Real Madrid que él proclama.

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