El Gobierno francés hace concesiones a derecha e izquierda para sobrevivir

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El débil Gobierno francés que encabeza Sébastien Lecornu –cuarto primer ministro en un año y medio– trata a la desesperada de aprobar los presupuestos de este año, todavía pendientes, con una serie de concesiones a los socialistas y a la derecha gaullista (Los Republicanos, LR). Ambos grupos ejercen, aunque con poca convicción, de flotadores de emergencia para un Ejecutivo que no dispone de mayoría en la Asamblea Nacional.

Tras meses de discusiones parlamentarias estériles y multitud de enmiendas, Lecornu constató la semana pasada que no había consenso para unos presupuestos sensatos y decidió cerrar el debate. A continuación, el viernes, dirigió una alocución televisada al país presentando una serie de medidas para contentar a unos y otros. A los socialistas los quiso convencer con un aumento medio de 50 euros al mes en la “prima de actividad” que cobran las personas de menos ingresos (unos tres millones de hogares). También les concedió la extensión a todos los estudiantes universitarios de las comidas a 1 euro en las cantinas. A la derecha intentó contentarles con la actualización de los tramos del impuesto sobre la renta según la inflación -y evitar así un aumento enmascarado de la presión fiscal- y el abandono de los planes de reducir deducciones tributarias para las empresas.

Socialistas y gaullistas auxilian al Ejecutivo porque temen unas elecciones que lleven al poder a la ultraderecha

Pese a todos los equilibrios y concesiones, Lecornu aseguró que el déficit en 2026 quedará limitado al 5% del PIB (frente al estimado 5,4% en 2025), lo cual sigue siendo mucho y peligroso a nivel europeo. Le ha resultado imposible, como a sus predecesores François Bayrou y Michel Barnier, pactar medidas de austeridad dignas de ese nombre, ya no digamos sacrificios como los que tuvieron que hacer Grecia, España o Irlanda en el punto álgido de la crisis financiera.

Los socialistas, a través de su primer secretario, Olivier Faure, han dejado entender que no harán caer el Gobierno, si bien estudiarán en detalle las últimas propuestas. El presidente de LR, Bruno Retailleau, avisó que espera ver “la factura” de las nuevas medidas y confía en que no sean las empresas, como siempre, las que acaben pagando.

Socialistas y gaullistas no están cómodos sosteniendo al Gobierno, sobre todo porque se acerca el duelo de las municipales -en marzo-, pero tienen mucho miedo de una crisis total que aboque a elecciones generales, con el riesgo de ser castigados por los votantes y de que la extrema derecha conquiste el poder.

Lecornu no ha revelado todavía cómo va a sacar adelante, jurídicamente, el presupuesto. Está claro que no habrá un voto, pues no existe un proyecto final del Parlamento. El primer ministro dispone de dos alternativas: por ordenanza del Gobierno, método jamás utilizado, o recurriendo al artículo 49-3 de la Constitución, es decir, por decreto, sin votación en la Asamblea. El problema es que Lecornu se comprometió, al tomar posesión, en septiembre pasado, a no recurrir al polémico artículo constitucional que hace posible el decreto y a pactar con los partidos un texto que fuera mayoritario. Eso no ha sido posible y ha tenido de retractarse de su promesa. Los socialistas vetan el método de la ordenanza, pero toleran el decreto. Es una situación frágil, precaria, que podría prolongarse hasta las presidenciales del 2027.

Eusebio Val Mitjavila

Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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