El Papa y la M-30

Hace 2 días 2

Ya se lo comentó Isabel Díaz Ayuso a los periodistas el primer día de la visita del Papa en Madrid. La presidenta madrileña admitió que lo de la visita de León XIV era un paréntesis en la trifulca política, pero que probablemente volveríamos a las andadas en cuanto acabara su periplo. De hecho, el hábitat político-mediático madrileño parecía ayer haber dado por finiquitado ya el viaje papal después del derroche de atención dedicado el fin de semana en la capital y el lunes en el Congreso. Pero el Papa siguió ayer en Catalunya pidiendo a los políticos que, si no en el contenido, al menos se contengan en las formas, evitando “palabras hirientes” y “agresividad” verbal. Lo dijo apenas un par de horas después de que Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo recuperaran su pugilística retórica en la sesión de control del Congreso. Nada nuevo. Salvo el afán de prácticamente todos por situarse del lado del Papa.

La necesidad de líderes que manifiesta una buena parte de la población es creciente. En un mundo de incertidumbres y cambios súbitos, alguien que marque el rumbo, que oriente, se convierte más que nunca en un referente a seguir. Al mismo tiempo, el deseo de pertenencia y conexión emocional con un colectivo determinado es cada vez más fehaciente y el sentimiento de comunidad acompaña al de la fe en un credo religioso. Aunque la sociedad española sea haya secularizado a buen ritmo en los últimos años, según indican todas las encuestas, esos anhelos son transversales y la figura de un Papa, que además se muestra empático y cercano, supone un gancho obvio. De ahí que casi ningún partido se haya sustraído a su influjo, aunque algunos hayan hecho auténticas acrobacias para no quedarse fuera sin comulgar del todo con él. Los hay que han parecido incluso más papistas que el Papa para que no se notaran sus diferencias.

La presencia de León XIV en España ha deparado paradojas notables y casi ha obrado milagros. Entre los últimos, que Pedro Sánchez acuda a una misa. El presidente del Gobierno no es religioso, más bien se muestra reacio a participar en este tipo de liturgias, aunque tampoco milita en contra como los dirigentes de Podemos, por ejemplo. Como presidente del Gobierno, ha preferido acudir a los actos laicos convocados en recuerdo de los fallecidos de la dana o del covid, y no a los funerales católicos por esos mismos hechos. Sí fue al funeral de Montserrat Caballé y ayer acudió a la misa en la Sagrada Familia junto a su mujer. Ha estado presente en los actos importantes de León XIV, pero se ha saltado alguno para escaparse al Primavera Sound, en Barcelona. Las relaciones entre la Conferencia Episcopal Española y el Gobierno son muy discrepantes en el fondo, pero las formas han derivado en una cómoda conllevancia basada en el pragmatismo, aunque en los últimos tiempos han aflorado opiniones eclesiásticas que denotan sus preferencias políticas nada favorables al Ejecutivo.

La agenda legislativa del Gobierno choca con los intereses de la Iglesia, pero eso no ha evitado que se hayan alcanzado acuerdos

La agenda legislativa de Sánchez ha incluido la eutanasia, la ley del aborto y la defensa de su inclusión en la Constitución, o la ley de educación (LOMLOE), todas ellas con la oposición de la Iglesia. Pero el diálogo de fondo se ha mantenido e incluso se han alcanzado acuerdos en materias conflictivas que se arrastraban desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, en 2022 se llegó a un pacto sobre las inmatriculaciones, por el cual la Iglesia admitió que cerca de un millar de bienes no le constaban como propios o pertenecían a terceros, facilitando su devolución. Un año más tarde se acordó una nueva fiscalidad y la Iglesia renunció a la exención de dos impuestos municipales, equiparándose a entidades sin ánimo de lucro. El último capítulo fue el de las víctimas de abusos sexuales. El informe del Defensor del Pueblo dio pie a un plan conjunto de reparación y compensación económica a las víctimas. Todos estos pactos se han basado en transacciones, por las que han tenido que ceder ambas partes a sus pretensiones iniciales y no han contentado a todos.

También ha habido choques sonados, como las declaraciones de hace unos meses del presidente de la CEE y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, pidiendo un adelanto electoral o bien una moción de censura o una cuestión de confianza. Le respondió directamente el propio Sánchez, que le animó nada menos que a presentarse a las elecciones de la mano de la organización ultraderechista Abogados Cristianos, y añadió: “El tiempo en que los obispos interferían en la política acabó cuando empezó la democracia en este país”. En el PSOE cundieron entonces las voces que recordaban que la Iglesia española se convirtió en un elemento más de presión social contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se convocaron manifestaciones contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía o el matrimonio igualitario y se celebraron misas en la plaza Colón convertidas prácticamente en mítines. La jubilación del cardenal Rouco Varela rebajó un peldaño la tensión.

Pero León XIV se ha significado por su respuesta a Trump en defensa de los inmigrantes y contra las guerras, así como por su llamamiento a primar a la persona por encima de los intereses de los grandes magnates tecnológicos. Los tres son postulados de los que ha hecho bandera Sánchez. Desde el principio, el Gobierno vio en este viaje un motivo para la tregua en su calvario de constante goteo judicial. Sánchez no ha perdido la oportunidad de subrayar esas coincidencias y contraponerlas con las posiciones del PP y Vox, lo que ha propiciado que la visita de un Papa, que en principio parecería una ocasión para reforzar la ideología que defienden partidos de la derecha en cuestiones relativas a la moral se convierta en una oportunidad para la izquierda, que ha subrayado lo que considera hipocresía por parte del PP y Vox.

Preguntada por las apelaciones de León XIV a evitar la polarización política, Ayuso replicó: “¿Nosotros polarizamos? Nosotros no nos callamos, solo faltaba”. En su opinión, el Papa dice lo mismo “prácticamente en todo el mundo”, así que no está pensando específicamente en España cuando lanza esos mensajes. Lo cierto es que el Pontífice está más que informado de lo que ocurre en este país y es consciente no solo de la crispación política existente (que él ya vivió en Perú), sino también de la división que también se produce en el seno de la Iglesia española, en buena parte por motivos políticos. Sobre la inmigración, Ayuso no dudó en mantener sus tesis en una entrevista en Antena 3: “Esta España que nos han dado nuestros padres y nuestros abuelos no se puede destrozar porque hay gobiernos insensatos como el de España, que están provocando movimientos masivos de personas que, si siguen por este camino, no van a poder integrarse”.

León XIV es un continuador de Francisco, que pidió perdón por los “pecados” de la Iglesia durante la conquista de América

La distancia entre lo que proclama el Papa y lo que practica Ayuso no es soslayable. León XIV es un continuador de Francisco, aunque más comedido en su gestualidad y su antecesor fue quien más explícitamente pidió perdón a los pueblos indígenas de América. Con motivo de los 200 años de la independencia de México, envió una carta al Episcopado de aquel país en la que reconoció los “pecados personales y sociales” cometidos por la Iglesia durante la evangelización y la Conquista española. Ya antes Juan Pablo II había hecho una referencia más genérica, pero Francisco la refrendó en varias ocasiones. La presidenta madrileña acaba de regresar de un viaje a México en la que ha reivindicado el “mestizaje” y ha homenajeado la figura de Hernán Cortés. Pero el PP mantiene a la Iglesia católica como un referente sociológico y moral, que lo es también de una parte importante de su electorado. Ese partido también se identifica más con las posiciones de la jerarquía católica española. Alberto Núñez Feijóo evitó toda controversia y, tras el discurso del Congreso, dijo que compartía lo manifestado por León XIV “de la A a la Z”. No hacía falta entrar en detalles.

Santiago Abascal, cuyas proclamas contra la inmigración constituyen el meollo de su mensaje político, tampoco ha faltado a la cita papal. Por si acaso, Vox allanó el terreno hace algunas semanas con un encuentro con la jerarquía católica española para reconducir sus choques sobre la “prioridad nacional”. A Vox tampoco le interesa incomodar a un sector de sus votantes apegados a la tradición que se declaran católicos. Abascal no vio “ninguna contradicción” entre las palabras de León XIV y la posición de su partido. Abascal fue tremendamente sincero: “El Papa distingue perfectamente entre el discurso y la política práctica”. Vamos, que una cosa es hablar y otra, la realidad. En la línea de Ayuso, subrayó que sus palabras son “las que se esperan de un líder religioso”. Según el líder de Vox, una cosa es el plano religioso y otra las leyes de los Estados. Cabe aquí recuperar un párrafo del discurso del pontífice: “El trágico drama migratorio interpela la conciencia de las naciones y del orden internacional. Muchos se ven obligados a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos. Allí donde una persona es discriminada se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos. La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas y vaya más allá de la mera gestión e flujos. Es una exigencia de justicia social dar una acogida respetuosa y posibilidades de integración”. Y es preciso contextualizar esas palabras. Robert Prevost, norteamericano, ha plantado cara al presidente de EE.UU. por las redadas de inmigrantes ordenadas por Trump en aquel país. Como lo hizo ante el vicepresidente J.D.Vance cuando invocó el “orden del amor” tergiversando a San Agustín para asegurar que los cristianos deben amar al prójimo en función de círculos concéntricos según la cercanía a uno mismo. Una concepción de la que se deriva el “America first” o la “prioridad nacional” ahora presente en todos los acuerdos de gobierno entre el PP y Vox.

El catalán primero, empezando por el idioma, es lo que ha puesto sobre la mesa la líder de Aliança Catalana, Silvia Orriols, ante la visita del Papa a Barcelona. Orriols sí que es católica practicante. Solía lucir un crucifico colgado del cuello. Tenía intención de acudir a la misa en la Sagrada Familia, pero el pasado día 2 avanzó que desistía: “Había solicitado asistir a la bendición, pero después de saber que se oficiará en castellano, renuncio. Por respeto a Gaudí y a Catalunya”. (Gaudí fue arrestado por hablar en catalán). Al día siguiente, Carles Puigdemont criticaba la negativa del arzobispado a permitir la presencia de la senyera en la basílica de la Sagrada Familia durante el acto con el Papa y el escaso uso que, en su opinión, haría el Papa del idioma catalán. Por eso, hizo un llamamiento a “que se vean las esteladas y se oigan las voces y los silbidos de protesta”. Junts no ha renunciado por eso a estar presente en los actos institucionales. El presidente del Parlament, Josep Rull, de ese partido, recibió al Papa a pie de la escalerilla del avión. De hecho, Junts trató de rentabilizar políticamente la recepción de las Cortes. Miriam Nogueras cogió con las dos manos la del Pontífice para pedirle, en inglés, que hablara en catalán y el senador Eduard Pujol se lo pidió en italiano. De fondo, la pugna entre AC y Junts ERC también acusó al arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, por no propiciar un mayor uso del catalán por parte del Papa, pero los republicanos evitaron gesticulaciones o salidas de tono. En Madrid las reclamaciones sobre el catalán fueron calificadas de desconsideración por muchas terminales políticas y mediáticas. El Papa no se ha limitado a un saludo en catalán. Lo ha intercalado en sus intervenciones. Lo ha empleado mucho más que ningún otro pontífice anterior.

Ni Feijóo ni Abascal estuvieron en la Sagrada Familia. Sí se desplazaron a Barcelona un amplio plantel de ministros, además de Sánchez. El presidente también acompaña hoy al Papa en su encuentro con inmigrantes en las islas Canarias, donde no estarán los mencionados líderes el PP y Vox, que dieron por finalizada la visita papal con los actos de Madrid. Está claro que algunos se sienten más a gusto entre el fragor capitalino y también que el PSOE boquea buscando oxígeno fuera de la M-30.

María Dolores García García

Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán

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