La gran carambola de la política portuguesa, la que conduce a presidencia de la República a un socialista, António José Seguro, en el Portugal más girado a la derecha de siempre, está en marcha, como ya se comenzó a vislumbrar justo antes de la Navidad y culminará, salvo que surja un gran imprevisto, con su anunciada victoria de la segunda vuelta del 8 de febrero. Pero en la mesa de billar institucional lusa se está gestando una segunda jugada, de más largo alcance, la que intenta hacer el otro candidato en liza en la ronda definitiva y anunciado perdedor, el ultra André Ventura, para desbancar al primer ministro, el conservador Luís Montenegro como jefe de la derecha portuguesa, a fin de después sustituirlo como primer ministro, el puesto en el que de verdad reside el poder.
Con su 23,5% de los votos del domingo, frente al 31,1% del socialista Seguro, fracasando en su objetivo de ser el más votado, pero por delante del 16% liberal João Cotrim de Figueirido, el 12,3% del almirante independiente Henrique Gouveia e Melo y el catastrófico 11,3% del conservador Luís Marqués Mendes, Ventura, líder de Chega, prácticamente reprodujo su resultado de las legislativas de mayo, del 22,8%. Dando por descontado que, como le sucedió a su correligionaria francesa Marine Le Pen en sus duelos con Emmanuel Macron del 2017 y el 2022, morderá el polvo con una clara derrota, la cuestión está en cuánto avanzará. Su aliada gala subió la primera vez del 21,3% al 33,9% y la segunda, del 23,2% al 41,5%, si bien pesó el desgaste del presidente en ejercicio, lo que no ocurre en Portugal. En marzo se abrirá un nuevo ciclo, al agotar su segundo mandato de cinco años el conservador Marcelo Rebelo de Sousa. Además, en Francia el que manda es el presidente.
Existe, no obstante, otro precedente francés, el del fundador de la dinastía, Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, que, en el 2002, frente al conservador Jacques Chirac, se quedó prácticamente varado en su resultado de la primera vuelta, al pasar de un 16,9% a un 17,8%. Sin embargo, estos datos proceden de la prehistoria de la extrema derecha europea. En Lisboa desde anoche la gran discusión reside en cuánto va a subir Ventura, con un umbral ya fijado para poder evaluar el rendimiento que extrae de lo que de por sí supone un triunfo personal para el ultra y un peligro para el sistema democrático. Aunque en la campaña de la primera vuelta haya dado una imagen menos vitriólica que la habitual, no ha dejado de repetir consignas de la dictadura de Oliveira de Salazar y pedir el voto con enormes carteles contra los inmigrantes de Bangladesh y los gitanos.
La clave radica en el poder de arrastre en su anunciada elección de Seguro, que puede ser el “anti Ventura” pero no entusiasma
Ese porcentaje que permitirá valorar el resultado de este jurista de 43 años, antiguo tertuliano de fútbol, como hincha del Benfica, y sucesos, es el del 31,8%, el que obtuvo el primer ministro Montenegro, al frente de su coalición conservadora, en las parlamentarias de mayo, su mejor registro. Si pasa de ahí, Ventura podría justificar de forma razonada lo que ya está diciendo en su versión de Donald Trump ibérico, que él es el líder de la derecha, tras el calamitoso resultado del conservador Mendes, el peor de siempre de un candidato apoyado por su partido.
Además de lo caudaloso que sea el manantial de apoyos de dirigentes liberales y conservadores, que ya empezó a brotar el mismo domingo, si bien no desde el máximo nivel, la clave residirá en la movilización que logre Seguro. No se caracteriza precisamente por entusiasmar a las masas, pero ofrece, por su sosiego, seriedad e imagen de bonhomía, tal vez el contrapunto perfecto a Ventura.

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

Hace 17 horas
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