Ferran Martínez, el astro del baloncesto que montaba ordenadores y analizaba finanzas

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 Todo el mundo te admira, ¡aunque nadie entiende una palabra de lo que dices! 

 Charles Chaplin, a Albert Einstein; extracto de ‘El algoritmo del éxito’

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Mientras paseamos por la redacción de La Vanguardia y entramos y salimos de alguna sala o entramos y salimos del ascensor, el gigantón Ferran Martínez (2,13 m de estatura) anda con cuidado con los quicios de las puertas, va agachando la cabeza.

No siempre hace falta, no siempre es necesario que se agache, pero siempre lo hace, y por eso le pregunto:

–¿Se ha golpeado muchas veces en la cabeza?

–Nunca. Pero tengo sistematizado el gesto.

Ferran Martínez (58) ha ido siempre un paso por delante y por eso en los años noventa, cuando era una estrella del baloncesto y ganaba Ligas y Copas de Europa, ya andaba cubriéndose las espaldas –como quien agacha la cabeza–; se las cubría por lo que pudiera venir cuando aquello se acabase, me refiero a la gloria del baloncesto.

–Era autodidacta. Y me gustaba visualizar el futuro a treinta años –me dice.

Y me lo imagino en la última fila del autocar, o en la profundidad de la noche en la habitación del hotel, leyendo manuales a la luz de la lamparita mientras el compañero de cuarto sueña y ronca.

“El algoritmo del éxito”, la última obra de Ferran Martínez 

“El algoritmo del éxito”, la última obra de Ferran Martínez Editorial Vanir

–Cuando íbamos a Japón con la selección, aprovechaba para comprarme un ordenador que aquí no estaba, un Apple Newton sin teclado. Y en 1997 me instalé webcams en mi casa en Barcelona para controlar lo que pasaba en ella desde Grecia (cuando jugaba en el Panathinaikós). Hice un curso de programación y arquitectura de ordenadores en Logic Control y me montaba computadoras. Me fui a San Francisco. Me empapé de la mentalidad de Silicon Valley. También profundicé en las finanzas. Con el tiempo, los compañeros de vestuario venían a pedirme consejo.

He visto a deportistas que se compraron 50 coches y me decían: ‘Ya los venderé’. Ya, pero ¿a qué precio?”

Ferran Martínez

Ex baloncestista, analista financiero y escritor

–¿Y usted se los daba?

–Les decía: ‘Yo hago esto. Si me quieres acompañar, vale...’. Pero nunca les decía dónde invertir. Eso es muy peligroso, y te puede complicar la vida.

–¿...?

–Nunca he tenido problemas financieros porque siempre he tenido claro que no debo crear necesidades que no me llenan. Me refiero a una casa nueva cada año para irme de vacaciones. O a otro coche. La clave es ser feliz con Maria, mi mujer, con mis hijos (Sergi y Anna) y con mis nietos (Pep y Tomàs). Aún recuerdo mis primeros ordenadores, un Epson de pantalla verde monochrome de tres kilos de peso. Programaba con él, hacía hojas de cálculo Lotus 1-2-3 cuando no existía Excel. Estudiaba simulaciones de cómo sobrevivir a largo plazo, diseñé un plan de ahorro para mí. También me interesaban las startup tecnológicas y hacía valoraciones de capital riesgo...

Llaman a la puerta de la sala, nos interrumpen. Jordi Juan, director del diario, entra a saludar al gigantón. Todos en la redacción conocen a Ferran Martínez, y él conoce a muchos, compañeros de hoy y de antes. Me pregunta por Mar Galtés y Juan Antonio Casanova (JAC), que trabajaron en La Vanguardia durante muchos años. También me pregunta por Toni Clapés, periodista esencial en Rac1.

–Como gestor financiero de grandes fortunas, ¿vio usted muchas desgracias entre los deportistas?

–¡Muchas! He visto a jugadores jóvenes con grandes contratos que sufrieron lesiones graves cuando se habían comprado casas y coches. He visto a deportistas que se compraron cincuenta coches y cuando les preguntaba, me respondían: ‘Ya los venderé’. Ya, pero ¿a qué precio?

Ferran Martínez (13), con el uniforme del Joventut, contempla una acción de Pau Gasol, en el año 2000 

Ferran Martínez (13), con el uniforme del Joventut, contempla una acción de Pau Gasol, en el año 2000 Patricio Simón

–¿Y cómo se abrió paso entre las élites?

–Cuando estás en el cielo, es clave comportarse bien. Si le das una buena imagen a un niño, y ese niño es hijo de un CEO, luego el CEO te puede ayudar. El poder del networking del deportista es infinito. No puede desperdiciarlo.

–¿Todo eso lo tenía en cuenta en su época de baloncestista?

–Desde luego. Aunque para mí, el baloncesto es una película en la que aparezco pero no me veo siendo yo. Los jóvenes ya no me reconocen. Y yo solo me veo muy de vez en cuando, cuando me llega algún vídeo en VHS para pasarlo a digital. Lo bueno es que, al menos, quienes sienten curiosidad me pueden buscar en Google.

(Y así, le verán enfrentándose a Sabonis, Drazen Petrovic, Kukoc, Divac, Pau Gasol o Dominique Wilkins; pero lector, si usted tiene curiosidad financiera, le recomiendo que lea su última obra, El algoritmo del éxito, de Editorial Vanir).

Sergio Manuel Heredia Tapia

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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