Hace justo cinco años el entonces vicealmirante Henrque Gouveia e Melo era un desconocido para la inmensa mayoría de los portugueses, pese a que su nombre aparecía, de una forma u otra, en varios asunto de gran calado. Sin tener nada que ver con el escándalo de corrupción de la multimillonaria compra en 2004 de dos modernos submarinos a Alemania, que afectaba al en ese tiempo ministro de Defensa y líder del CDS, Paulo Portas, Gouveia, como alto mando naval, experto en sumergibles, llevó el primero de ellos a Portugal y preparó las infraestructuras para poder utilizarlos.
En 2017 tuvo un papel secundario en un hecho de mayor transcendencia y dramatismo, el incendio de Pedrogrão Grande, en el que murieron 65 personas. Dirigió la unidad de la Marina que mandó al Gobierno del socialista António Costa para apoyar a los bomberos, en la intendencia y reconstrucción Fue la primera intervención en el ámbito civil de este hijo de un abogado y una profesora asentados en Mozambique, país al que cuando nació Gouveia en 1960 aún le faltaban tres lustros para independizarse de Portugal. En Pedrogrão pasó más bien desapercibido, si bien asegura que se trató de una experiencia que le dejó una profunda huella.
A mediados de enero de 2021 era el número dos del dispositivo de vacunación contra la COVID, cuya implementación se había encargado a los militares.Apenas dos semanas después dimitió el coordinador, Fernando Ramos, un alto cargo socialista, salpicado por noticias sobre irregularidades en los turnos de acceso a la inmunización. Satisfecho por su trabajo en Pedrogrão Costa nombró a Gouveia para cubrir la vacante, lo que le permitió proyectares rápidamente ante la población como el militar salvavidas, en un país muy envejecido y asustado con el recrudecimiento de la pandemia.
Gouveia había sido relaciones públicas de la Armada portugues y se había formado en ese ámbito, según relata el periodista del Expresso Vítor Matos que publicó la biografía de quien apareció durante la mayor parte del año pasado como el gran favorito para ganar las elecciones presidenciales de este domingo. Esa experiencia en el campo de la comunicación y su propio talante resolutivo, autoritario y personalista, de comandante de submarino, junto con los positivos datos del proceso de vacunación en Portugal le convirtieron en una figura pública de primer nivel.
Así, mientras justo ascendía a jefe de Estado Mayor de la Armada, comenzó a barajarse su candidatura a la presidencia de la República para este 2026, cuando se acaba el ciclo del actual titular, Marcelo Rebelo. Con la política tradicional muy desacreditada, la extrema derecha al alza y sin ninguna figura de gran peso en el mercado electoral presidencial, Gouveia lideraba con tal claridad las encuestas que en mayo, cuando por fin confirmó su candidatura, se daba por descontada su elección. Pero desde que saltó a la arena pública, tuvo que explicarse y formar equipos, para lo que tiró de la vieja política, de cuadros y asesores conservadores y socalistas, como el exlíder del PSD Rui Rio, fue perdiendo su aura y empezó a desplomarse en los sondeos. Así lo que parecía el paseo militar del almirante se convirtió en una carrera abierta, a la que se fueron sumando aspirantes, con los que no se contaba como el ultra André Ventura, que hasta amagó con apoyar al militar, y el liberal João Cotrim.
Como nunca compareció en las urnas hasta ahora se ignora cuánto queda del capital político que acumuló con la COVID
Como era de esperar, en la tradicional liguilla de debates televisivos entre todos los Gouveia se desgastó aun más, hasta que en el último cara a cara reventó la campaña con un inesperado y brutal ataque contra el candidato conservador Marques Mendes, por su condición de lobista. Su torpedo no le permitió a Gouveia recuperarse en los sondeos, sino que benefició a sus otros rivales que lo fueron sobrepasando, si bien está por ver qué fue del enorme capital político que acumuló en la pandemia y que en apariencia ha desaprovechado, según unas encuestas por lo general no muy fiables.
En aquel debate del 22 de diciembre el almirante salvavidas se convirtió en un kamikace para sorpresa de la audiencia, pero no para quienes le conocían, sabedores de su pasión por el riesgo, lo que, junto con lo que le impactó la icónica película Das Boot, El sumbarino, de Wolfgang Petersen, le llevó,como infante de Mraina, a enrolarse en los sumergibles. Esa disposición a afrontar situaciones límites lo llegó a convertir en una leyenda en la OTAN, hasta el punto de, según Matos, circulaba el dicho de “cuidado, Melo está en el mar”, pues entonces se le conocía por su segundo apellido. Ahora, ya como Gouveia, está en el océano electoral, quizá sólo para remover las aguas, aunque él intenta completar la misión que se asignó a sí mismo.

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

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