Kristin Cabot, exdirectora de Recursos Humanos de la tecnológica Astronomer, que se hizo viral el pasado verano tras aparecer en una kiss cam durante un concierto de Coldplay, junto al entonces consejero delegado Andy Byron, ha vuelto a pronunciarse sobre el episodio que cambió su vida de forma drástica de la noche a la mañana.
En la entrevista concedida al videopodcast de Oprah Winfrey, publicada este martes, Cabot ha dado más luz a cómo se acontencieron aquellos fatídicos hechos para su vida personal. En su conversación, ha arremetido también contra las empresas propietarias de redes sociales, como TikTok, a las que acusa de “aprovecharse y lucrarse con su dolor”.
“Antes no me imaginaba esto, pero cuando algo se vuelve tan viral, ahora me doy cuenta de cómo se benefician las empresas tecnológicas. No somos conscientes de que, al compartir, dar ‘me gusta’ o hacer clic, estamos generando miles de millones de dólares para ellos y alimentando un algoritmo que lo amplifica. Cuanto más sufra alguien como yo, más dinero ganan. Y eso lo siguen impulsando una y otra vez. Creo que hay que exigir responsabilidades”, ha denunciado.
Mas allá de su crítica al funcionamiento de los algoritmos y las redes, Cabot ha aclarado ante las cámaras la verdadera realidad sobre su situación sentimental durante el momento en el que se produjo el incidente. Según ha explicado, ella ya estaba separada de su marido cuando acudió al concierto. Sin embargo, los caprichos del destino hicieron que la expareja se encontrase en el mismo lugar durante aquella noche.
“Estaba entrando cuando mi hija me escribió emocionada diciendo que era genial que Andrew y yo estuviéramos en el concierto”, ha relatado. “Ahí supe que mi exmarido también estaba allí”. Aun así, la ejecutiva ha admitido que no le preocupaba un posible encuentro con su su expareja y que confiaba en que, entre las más de 55.000 personas del estadio, sería improbable coincidir.
Asimismo, la exdirectora ha sostenido que éste conocía la estrecha relación profesional que mantenía con Byron. “Sabía que trabajábamos muy unidos, que socializábamos, que salíamos a comer o a tomar algo. No había ningún problema”.

Pero la transparencia que la ejecutiva mantenía con el que había sido su esposo, no fue suficiente para frenar el escándalo que se produjo cuando ella y su entonces jefe aparecieron en la “kiss cam” del estadio, abrazados y quienes, nada más darse cuenta de que estaban siendo enfocados, reaccionaron separándose con evidente incomodidad. Un gesto que, por si fuera poco, animó a Chris Martin, vocalista de la banda, a bromear desde el escenario sobre la escena. “¡Miren a estos dos! O están teniendo una aventura o son muy tímidos”.
En cuestión de minutos, las imágenes de dos personas prácticamente anónimas se propagaron por todo el mundo. La polémica no dejó de crecer por las redes y terminó forzando la dimisión de Cabot como directora de Recursos Humanos de la compañía tecnológica. Tras los hechos, el primero en pronunciarse fue el que fuera entonces su esposo, quien, dos meses después del altercado, aseguró que ambos ya estaban separados en el momento del concierto.
Pero no sirvió de nada. La ejecutiva ya se había convertido en objeto de una oleada de críticas, insultos e incluso amenazas de muerte por una supuesta infidelidad, lo que impactó de lleno en su entorno familiar, tal y como aseguró ella misma poco después en una entrevista a The Times.
Ahora Cabot ha vuelto a verse obligada a explicar lo sucedido. Insiste en que tanto ella como Byron, entonces director ejecutivo de Astronomer, estaban separados de sus respectivas parejas cuando acudieron al concierto (o, al menos, eso es lo que él le había asegurado). “Tenía un crush enorme con Andy y se sentía muy bien recibir la atención de alguien como él, sobre todo después de un periodo difícil de separación”, ha aseverado.
“Creo que se hizo viral porque a la gente le resultaba gracioso, pero no pensaron que somos personas reales y que podía ser muy dañino”. Desde entonces, asegura haber sido blanco de todo tipo de insultos y amenazas, y lamenta que aún hoy se la siga señalando con calificativos como “cazafortunas”, “la otra” o “rompehogares”. “Asumo mi mala decisión y por eso dejé mi trabajo, pero no merecía ese nivel de odio”.
A lo largo de la entrevista, la ejecutiva ha denunciado que tras el incidente llegó a recibir hasta 600 llamadas telefónicas al día, mientras paparazis se apostaban frente a su casa y desconocidos le gritaban insultos o la increpaban en público. “Una de las cosas más difíciles de asimilar ha sido todo ese odio, porque nadie me conoce”, ha afirmado.

Andaluza, afincada desde 2017 en Barcelona tras media vida en Madrid. Licenciada en Periodismo (UCM) con un Máster en Periodismo en Radio y Televisión. Redactora de la sección Gente y Televisión de La Vanguardia.

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