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La alcaldesa de Ripoll tiene razón. La polémica por la contratación de la hija de Sílvia Orriols como agente interina de la policía local solo pretende erosionar su imagen. Y a ella se la escruta como no se hace con otros. Claro que colocar a familiares, amigos y saludados es una práctica más vieja que el ir a pie. Si tienen tiempo, vayan al Archivo Tarradellas y comprobarán cómo ya en los años treinta las peticiones de colocación llenaban carpetas.
Aunque existen muchos procesos de selección limpios, en torno a la administración pública, a todos los niveles, resulta evidente el blanqueamiento de procedimientos destinados a cubrir plazas con candidatos previamente seleccionados. Los tribunales acaban designando a quien conviene ajustando las puntuaciones. Los elegidos llevan días anunciando, «ahora saldrá mi plaza». Los ingenuos se presentan como comparsas imprescindibles y después se indignan. Los espabilados silban, esperan su turno y aguardan a que, tarde o temprano, salga «su plaza». A menudo ni siquiera hace falta que el interesado o quien desea colocarlo, lo pida expresamente. Los subordinados ya se encargan de actuar según lo que se espera de ellos sin que nadie diga una palabra.
La gente del norte tampoco es tan limpia, tan noble, tan culta ni tan... como creía Espriu
La alcaldesa afirma que quien no esté de acuerdo «que impugne». Pero el sistema de reclamaciones, recursos y defensores de la ciudadanía está diseñado porqué permitir la queja alivia la presión sobre el sistema. No vaya a decirse que el afectado no tiene derecho a réplica. Si esas impugnaciones se tomaran en serio, los procesos de contratación se eternizarían y las administraciones, grandes o pequeñas, dejarían de funcionar con la agilidad necesaria. El éxito de los recursos es mínimo.

Esta cultura de las colocaciones no es exclusiva de Cataluña. Y es menos mediterránea de lo que solemos pensar. La gente del norte tampoco es tan limpia, tan noble, tan culta ni tan... como creía Salvador Espriu. Sea cual sea el desenlace del episodio de Ripoll, tiene al menos una virtud: si alguien todavía puede ver en la extrema derecha catalana un elemento regenerador, ni por el fondo ni por las formas conviene hacerse ilusiones. La naturaleza humana es la misma para todos.
Eso sí, la alcaldesa se ha defendido poniéndose la camiseta de la guardia urbana. Otros se envolvían en la de Cataluña. Y es que, aunque se presente como un fenómeno nuevo, Aliança Catalana está profundamente injertada de uno de los peores rasgos del pujolismo: el victimismo. La culpa siempre es de los demás. A propósito de ello, convendría tomarse en serio el aforismo que Oriol Junqueras pronunció la semana pasada en una entrevista: «Cuando nunca eres útil, tus votantes pueden acabar votando a cualquier inútil». Aunque lo decía refiriéndose a Junts, la frase debería grabarse en el frontispicio del Parlament y en cada papeleta electoral, como aquella máxima griega, «conócete a ti mismo», inscrita en el oráculo de Apolo en Delfos. Mientras tanto, solo cabe desear que la nueva agente preste un gran servicio a Ripoll.

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