La FIFA ha dado un inesperado giro en uno de los proyectos más controvertidos impulsados por su presidente, Gianni Infantino. Tras varios días de fuertes críticas y la amenaza de un boicot por parte de las principales confederaciones del fútbol mundial, el máximo organismo del fútbol ha decidido retirar su propuesta para crear una filial encargada de gestionar comercialmente el Mundial y otros grandes torneos internacionales.
Statement attributable to the FIFA President
The FIFA Forward Enterprise project was intended to provide a basis for further strengthening our FIFA Member Associations and our sport worldwide, especially in those countries where support is most needed. And more so, as we said…
— FIFA Media (@fifamedia) July 31, 2026El anuncio supone un importante revés para Infantino, que había defendido la iniciativa como una vía para aumentar los ingresos del fútbol y reforzar el apoyo económico a las federaciones nacionales. Sin embargo, la oposición de buena parte del fútbol internacional terminó por hacer inviable un proyecto que amenazaba con abrir una nueva etapa de participación privada en la gestión del mayor evento deportivo del planeta.
Un proyecto que despertó un rechazo inmediato
La propuesta contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva sociedad destinada a administrar los derechos comerciales de la Copa del Mundo y de otros eventos organizados por la FIFA. Según la propia organización, esta empresa tendría una valoración cercana a los 20.000 millones de dólares y permitiría la entrada de inversores privados mediante la venta de una participación del 20 %.
Como incentivo, la FIFA había planteado distribuir alrededor de 53 millones de dólares entre cada una de sus federaciones miembro si respaldaban la iniciativa. La intención era incrementar la financiación del desarrollo del fútbol en todos los continentes, especialmente en aquellos países con menos recursos.
Sin embargo, la propuesta fue recibida con una enorme desconfianza. Tanto que numerosas voces interpretaron el proyecto como el primer paso hacia la privatización del Mundial, una competición considerada patrimonio del fútbol internacional y cuya gestión ha permanecido siempre bajo el control directo de la FIFA.
La UEFA lidera la oposición
La respuesta más contundente llegó desde Europa. La UEFA, respaldada por sus 55 federaciones nacionales, anunció que estaba dispuesta a no participar en las competiciones organizadas por la FIFA si el proyecto seguía adelante. La amenaza suponía un golpe de enorme magnitud, ya que las selecciones europeas han dominado históricamente la Copa del Mundo y representan una parte esencial del prestigio y del valor económico del torneo.
A la postura europea se sumaron posteriormente la Concacaf, que agrupa a los países de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, mientras que la Conmebol anunció un proceso interno de consultas entre sus asociaciones y defendió que "primero está el fútbol". La creciente oposición dejó a Infantino prácticamente sin margen para mantener su plan.
Con un rechazo tan amplio entre las principales confederaciones, la propuesta quedó políticamente aislada antes incluso de llegar a una votación definitiva.
Infantino admite el fracaso
Ante la presión acumulada, la FIFA emitió un comunicado oficial en el que reconocía que el proyecto había generado una profunda división entre sus miembros.
En el texto, Infantino asegura que, tras escuchar todas las opiniones, había quedado claro que la iniciativa ya no contribuía al objetivo para el que había sido concebida. Por ello, confirmó que la propuesta no seguiría adelante.
El dirigente insistió en que la intención siempre había sido fortalecer el fútbol mundial y recordó que el proyecto solo debía prosperar si contaba con un amplio respaldo de las federaciones y de las distintas partes implicadas. Con este mensaje, el presidente de la FIFA intentó cerrar una crisis que amenazaba con provocar una fractura sin precedentes dentro del organismo.
La retirada del proyecto representa uno de los mayores reveses sufridos por Gianni Infantino desde que asumió la presidencia de la FIFA. No es la primera vez que una de sus grandes iniciativas encuentra una fuerte resistencia internacional. Años atrás ya fracasó su propuesta de celebrar el Mundial cada dos años, también rechazada por buena parte del fútbol europeo.
En esta ocasión, la oposición coordinada de varias confederaciones demostró que las principales organizaciones continentales mantienen un importante poder de influencia sobre las decisiones estratégicas de la FIFA. La amenaza de un boicot al Mundial convirtió el debate económico en un conflicto institucional que el organismo no podía permitirse.

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