La Masía vuelve a ser protagonista, pero no por la irrupción de una nueva generación dorada, sino por la salida constante de jóvenes talentos que deciden buscar su futuro lejos del Barça. El caso más reciente y mediático es el de Dro Fernández, mediocampista de 18 años considerado una de las joyas del fútbol formativo azulgrana, que está muy cerca de firmar por el Paris Saint-Germain de Luis Enrique tras el pago de su cláusula y con un contrato hasta 2030.
La marcha de Dro no es un caso aislado, sino un síntoma de una realidad más profunda: la dificultad del Barça actual para retener a sus canteranos en un contexto de reestructuración deportiva, limitaciones económicas y competencia feroz de otros grandes clubes europeos. De hecho, pocas jornadas después de las vacaciones de Navidad Hansi Flick ya asume que perderá a uno de los futbolistas que estaban llamados a crecer bajo su tutela.
Sus palabras, medidas pero elocuentes, reflejan cierta decepción: "Son jugadores de 18 años, adultos, que toman decisiones. Y hay adultos que les pueden incitar…". Un mensaje que apunta tanto al entorno de los futbolistas como a un mercado cada vez más agresivo con los jóvenes talentos.
Una política de limpieza con efectos colaterales
Desde los despachos se habla de una "limpieza" necesaria en La Masía. El objetivo es claro: ajustar plantillas, liberar espacio y dar oportunidades a otros perfiles que encajen mejor en la idea del actual cuerpo técnico. Sin embargo, esta estrategia tiene un coste evidente... La salida de Ansu Fati, canterano llamado a marcar una época y que acabó marchándose por la puerta de atrás, fue un aviso. Ahora, lo de Dro Fernández parece una confirmación.
Antes ya hubo precedentes, por ejemplo, Iker Bravo optó por el Bayer Leverkusen ante la falta de un camino claro hacia el primer equipo. Otros jóvenes han escuchado cantos de sirena incluso del Real Madrid o de clubes de la Premier, donde los proyectos deportivos y económicos resultan más seductores a corto plazo.
Andrés Cuenca, otro adiós con acento europeo
En este contexto aparece otro nombre marcado en rojo: Andrés Cuenca. El central adamuceño, internacional sub-19 y uno de los defensas mejor valorados de su generación, también ultima su salida del Barça para firmar por el Como italiano, club dirigido por Cesc Fàbregas. Con contrato hasta julio, el Barça ha optado por facilitar su marcha ahora para no perderlo gratis en verano, asegurándose al menos un porcentaje de una futura venta.
Cuenca es un perfil muy reconocible de La Masía: rápido, potente y con buena salida de balón. Llegó de niño procedente del Sevilla, tras formarse también en el CD Avejoe y el Córdoba CF, y en categoría infantil formó junto a Pau Cubarsí una de las parejas defensivas más recordadas en la cantera culé. En el Como valoran su encaje en un modelo propositivo, aunque la idea inicial es incorporarlo y cederlo para que siga madurando.
¿Problema estructural o cambio de ciclo?
La pregunta que sobrevuela el entorno azulgrana es inevitable: ¿está fallando el puente entre La Masía y el primer equipo? No hay duda de que el Barça sigue formando talento de primer nivel, pero cada vez le cuesta más ofrecer un proyecto convincente y estable para que esos jóvenes apuesten por esperar. La presión por resultados inmediatos, la competencia interna y las urgencias económicas empujan a muchos a mirar fuera.
La Masía no ha dejado de producir futbolistas, pero el contexto ha cambiado. Hoy, crecer en el Barça ya no garantiza continuidad ni paciencia. Y mientras clubes como el PSG o proyectos emergentes como el Como de Fàbregas se mueven con rapidez, el Barça asiste a una fuga de talentos que obliga a replantearse su modelo antes de que el sello de la cantera pierda parte de su esencia.

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