La resaca del dinero barato

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Actualizado Jueves, 11 junio 2026 - 14:17

Conviene desconfiar de quien te despierta, sobre todo si es el mismo que te durmi?. El BCE ha subido los tipos al 2,50% y la tentaci?n es repartir los papeles de siempre: el banco severo, el pa?s manirroto, el adulto que entra en la fiesta y apaga la m?sica de golpe. Pero los papeles no encajan tan limpios. El que apaga la m?sica hoy es quien la puso a todo volumen durante una d?cada entera. La misma mano que sube ahora los tipos es la que antes los hundi? bajo cero y nos dej? creer, con paternal indulgencia, que el dinero pod?a no costar nada.

Y nos lo cre?mos. Esa es la parte inc?moda. Porque es comod?simo contar esto como una historia de buenos y malos —la hormiga contra la cigarra— y es mentira que sea tan limpio. La anestesia la administr? el BCE, cierto, pero el brazo lo pusimos nosotros, y lo pusimos encantados. Diez a?os de financiaci?n regalada y los fundimos en lo que se evapora en el instante mismo de cobrarse: gasto corriente, transferencias, subvenciones, cuentas prorrogadas un ejercicio tras otro porque elaborar un presupuesto era asomarse a un espejo, y daba pereza el reflejo. No sembramos nada que rinda ma?ana. Compramos un presente confortable a plazos, y firmamos los plazos, sin pudor, en nombre de quien todav?a no hab?a nacido para negarse.

As? que cuando hoy alguien se?ale con el dedo a Fr?ncfort, tendr? raz?n a medias, que es la peor de las razones porque consuela sin curar. Tendr? raz?n en que el BCE sube en parte por la inflaci?n y por no descolgarse de una Reserva Federal anclada un punto m?s arriba; en que el euro flaquea y hay que sostenerlo; en que el sur de Europa baila siempre una partitura escrita en Berl?n. Pero confundir? el term?metro con la fiebre. El banco no nos enferma: se limita a tomarnos la temperatura.

Porque ah? est? lo que de verdad escuece, y no es el cuarto de punto. Es que la subida sea, al mismo tiempo, buena noticia y humillaci?n, sin que podamos quedarnos solo con una de las dos. Buena, porque al fin hay una se?al de precio tras a?os de silencio anest?sico, y el dolor, aunque no lo parezca, es informaci?n valiosa: nos dice d?nde estamos realmente parados, qu? pesa cada cosa, cu?nto vale lo que d?bamos por gratis. Humillaci?n, porque esa se?al no la da un Gobierno que decide con la cabeza alta, la da un banco que obliga. No brota de una convicci?n nuestra, se nos impone desde un edificio de Fr?ncfort. Madurar est? bien en tiempos de excesos de gasto y de lamentaci?n. Que te obligue a madurar un extra?o, a empujones y a deshora, es otra cosa bien distinta, y no precisamente un motivo de orgullo y nos sucede a menudo. Este es solo el principio de las subidas de tipos.

El hipotecado, por cierto, puede respirar tranquilo: el Eur?bor descont? todo esto hace meses, mientras mir?bamos hacia otro lado, y su cuota apenas se inmuta. El que debe tener cuidado es el Tesoro. Cada d?cima de m?s encarece los intereses de una deuda que no compr? futuro, solo presente. Es el agujero callado que no abre telediarios porque no tiene rostro de v?ctima, ni pancarta, ni quien lo defienda.Lo paga, en diferido, el contribuyente de ma?ana. Una generaci?n brind? hasta el amanecer y a la siguiente le toca fregar los vasos sin haber probado siquiera el vino.

No pidamos, entonces, que vuelva el dinero barato (a?n sorprende que algunos lo han esperado hasta hace poco). Fue el regalo que nos volvi? imprudentes, la m?sica que confundimos con bienestar solo porque sonaba fuerte y dur? mucho. Pero no celebremos tampoco al que la apaga. No salva a nadie, solo retira lo que ?l mismo hab?a servido, y nos deja a solas y a oscuras con la tarea que nunca quisimos hacer con la luz encendida. La resaca no la inventa el dinero que va a volverse m?s caro. La dej? servida el barato de ayer. Nos la bebimos nosotros brindando por un futuro que pagar?a otro.

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