El entonces más influyente comentarista televisivo portugués, Luís Marqués Mendes, se despidió se las cámaras de la SIC el pasado febrero con la convicción de que, pese a los poco prometedores augurios demoscópicos con los que partía, podría volver a los estudios este año, ya no como colaborador, sino para ser entrevistado como jefe del Estado, el segundo “presidente tertuliano”, la estirpe inaugurada por su viejo compañero de fatigas en el partido conservador PSD, Marcelo Rebelo de Sousa, quien ahora agota sus diez años en el cargo. Mendes calculaba que el en aquel momento dominador absoluto de los sondeos, el almirante en la reserva Henrique Gouveia Melo, perdería su aura de héroe que había ganado en la coordinación de la vacunación de la COVID cuando bajase a la arena política y mostrase su inconsistencia, lo que le daría a él la oportunidad de derrotarlo en la segunda vuelta.
Este abogado norteño de 68 años, oriundo de Fafe, curtido con sus 34 años de experiencia política, en las juventudes del PSD y desde la administración periférica del Estado y la municipal a la cúpula del Gobierno en los tiempos de Aníbal Cavaco Silva e José Manuel Durão Barroso de primeros ministros, y con sus casi tres lustros de comentario políticos semanal, primero en la TVI y después en la SIC, acertó en su diagnóstico sobre el desinflado de Gouveia. Falló, por contra, en el de que la clara segunda posición que desde hace un año le atribuían a él las encuestas le garantizaba el paso sin grandes sobresaltos a la segunda vuelta, en la que se veía imponiéndose gracias a su mayor experiencia y al poder del aparato, “la máquina” como se le llama en portugués, del ahora mismo gobernante PSD, liderado por el primer ministro Luís Montenegro.
La semilla del calvario que ha vivido Mendes, arrinconado en las encuestas de forma insólita para un candidato “naranja”, el color de los conservadores portugueses, estaba plantada en su propia hoja de ruta hacia el palacio de Belém, sede de la jefatura del Estado. Incluía el clásico libro biográfico sobre los principales candidatos, en este caso una entrevista del periodista del diario digital Observador, Luís Rosa. Son unas memorias políticas que, al contrario de lo habitual en la península político, el protagonista cuenta cosas interesante. Él, que fue una pieza clave en los gobiernos de Cavaco, como una suerte de ministro de propaganda, afirma, por ejemplo, que “si me preguntan si hubo corrupción en Portugal en el cavquismo, yo contesto que sí, seguramente. De la misma manera que la hubo en los gobiernos anteriores y posteriores. La corrupción es inherente al abuso de poder y nunca será erradicada”. Apuesta por contenerla e investigarla.
Su incapacidad para explicar su actividad de los últimos 18 años, más allá de su rol de tertuliano, constituye su gran flanco débil
Pero en el libro aparece la gran vía de agua de su candidatura, el de sus actividades de estos últimos 18 años fuera de la política, no sólo como comentarista, sino como abogado, en realidad como lobista, en un rol frecuente en muchos políticos retirados, como Felipe González y José María Aznar. Mendes habla de su mucho más breve experiencia en el estrado como joven abogado en el norte, trabajando en el despacho de su padre. Pero no da detalles de en qué consistió su labor profesional desde 2007.
El candidato liberal, João Cotrim, lo aprovechó en su cara a cara televisivo con Mendes, para denunciar que, de las 240 páginas, sólo hay cinco dedicadas a esos últimos 18 años. Y después Gouveia remató la faena en su duelo con el candidato conservador, acusándole de ser “un facilitador de negocios”, un lobista, muy opaco en los intereses a los que ha servido durante estos años. Y ahí el experto amo de los platós Mendes salió gravemente herido, pues sólo podía escandalizarse por las insinuaciones y exigir que se le mostrasen casos concretos, pero no podía construir una defensa convincente.
Heredero del presidente Rebelo como rey del comentario televisivo, Mendes cuenta con su popularidad y el apoyo del Gobierno
Sin la simpatía y el gran don de gentes del fundador de su estirpe, Rebelo de Sousa, Mendes logró cubrir en buena parte su hueco cuando en 2016 el primero saltó de las pantallas a la jefatura del Estado, como el primer presidente tertuliano, en un Portugal en el que la televisión es la gran cantera de líderes. Apostó por un tipo de comentario más informativo y logró buenas audiencias, aunque sin llegar a los niveles estratosféricos de Rebelo. Esa popularidad televisiva y el poder de la maquinaria del PSD, junto con su carácter afable, constituyen el mayor capital político de Mendes, con la profesionalidad como ambivalente factor de los encantos y miserias de la vieja política. También cuenta con el aval del Gobierno de Luís Montenegro, que, sin embargo, tras la fuerte contestación a su plan de reforma laboral y el agravamiento de la profunda crisis de la sanidad pública, no se encuentra en su mejor momento político.

Corresponsal en Galicia y Portugal y redactor de Política. Licenciado en Ciencias de la Información (UPV) y en Ciencias Políticas (USC). Doctor en Historia Contemporánea (USC).

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