Menos contaminación, más calor: el estudio que cambia una parte del debate climático

Hace 15 horas 1

Europa ha registrado en las últimas décadas un aumento de las temperaturas estivales superior al previsto por los modelos climáticos. Un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters concluye que una parte de esa diferencia se explica por la reducción de los aerosoles de sulfato en la atmósfera, consecuencia de las políticas de mejora de la calidad del aire. Según los autores, este cambio ha alterado la circulación atmosférica y ha favorecido la aparición de olas de calor más intensas durante el verano.

El papel de los aerosoles en el calentamiento europeo

El estudio, liderado por investigadores del Barcelona Supercomputing Center, ICREA y el Hadley Centre británico, analiza por qué los modelos climáticos han subestimado el calentamiento estival observado en Europa desde 1980.

Los autores explican que las temperaturas de verano en Europa occidental y central han aumentado alrededor de 2,3 ºC desde ese año, frente a un incremento medio global de aproximadamente 0,8 ºC durante el mismo periodo. Esa diferencia era una de las principales discrepancias entre las observaciones y las proyecciones climáticas disponibles hasta ahora.

La desaparición de los aerosoles cambió la atmósfera

Durante buena parte del siglo XX, los aerosoles de sulfato procedentes de la actividad industrial permanecieron suspendidos en la atmósfera y reflejaron parte de la radiación solar hacia el espacio, reduciendo parcialmente el calentamiento de la superficie.

La progresiva implantación de normas para mejorar la calidad del aire redujo de forma notable esas emisiones a partir de la década de 1980. El estudio concluye que esa disminución eliminó parte de ese efecto de enfriamiento y, además, alteró la circulación atmosférica sobre Europa, un mecanismo que había pasado desapercibido en gran parte de las simulaciones climáticas.

Los autores subrayan que este fenómeno no contradice los beneficios sanitarios de reducir la contaminación atmosférica, sino que pone de manifiesto cómo distintos factores climáticos pueden influir simultáneamente en el clima.

Cambios en la circulación atmosférica que favorece el calor

El trabajo señala que la reducción de los aerosoles generó una diferencia de temperaturas entre distintas zonas del continente. Esa asimetría favoreció cambios en la corriente en chorro y reforzó la aparición de las ondas de Rossby cuasiestacionarias, patrones atmosféricos que mantienen durante más tiempo las altas presiones sobre Europa.

Cuando estas configuraciones se establecen, el aire cálido permanece durante varios días sobre una misma región y dificulta la llegada de masas de aire más frescas. Como consecuencia, las olas de calor se prolongan y alcanzan temperaturas más elevadas.

Los autores indican que este mecanismo explica por qué Europa se ha calentado más rápidamente durante el verano que otras regiones del hemisferio norte.

Los modelos climáticos infravaloran este efecto

Para analizar este fenómeno, el equipo utilizó 392 simulaciones climáticas históricas, además de 196 simulaciones centradas exclusivamente en el efecto de los aerosoles y 256 dedicadas únicamente a los gases de efecto invernadero. Posteriormente comparó esos resultados con los datos observados del sistema de reanálisis atmosférico ERA5.

La comparación mostró que los modelos climáticos reproducían el comportamiento general de la atmósfera, pero subestimaban la intensidad de los cambios en la circulación atmosférica registrados desde 1980. Tras corregir ese sesgo estadístico, las simulaciones se aproximaron mucho más a las observaciones reales.

El trabajo destaca que una parte importante del calentamiento estival adicional observado en Europa desde 1980 puede atribuirse a la reducción de las emisiones de aerosoles de sulfato, además del efecto ya conocido de los gases de efecto invernadero.

Qué implica para las próximas décadas

Los investigadores consideran que estos resultados permitirán mejorar las estimaciones sobre la evolución del clima europeo y la planificación frente a fenómenos extremos.

El trabajo señala que el efecto asociado a la reducción de los aerosoles tenderá a disminuir, ya que la atmósfera europea contiene actualmente muchos menos sulfatos que hace varias décadas. A partir de ahora, la evolución de las temperaturas estivales dependerá principalmente de la concentración de gases de efecto invernadero, aunque los autores consideran necesario que los modelos climáticos representen con mayor precisión la respuesta de la circulación atmosférica para estimar mejor las futuras olas de calor.

Esta investigación no reescribe la física del clima, pero sí obliga a incorporar una pieza que hasta ahora estaba infravalorada. La ciencia avanza precisamente así: corrigiendo modelos, afinando hipótesis y añadiendo nuevos conocimientos. Una buena lección para quienes convierten un fenómeno tan complejo como el clima en un discurso de blanco o negro. La realidad, una vez más, resulta bastante más incómoda que los eslóganes.

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