“Las amenazas de Donald Trump contra la soberanía de un estado europeo [Dinamarca] son inaceptables. El chantaje comercial es igualmente inaceptable. Pedimos a la Unión Europa que cancele el acuerdo con Estados Unidos cerrado en julio pasado [pacto sobre los aranceles], tal y como planteamos en su momento. Si Bruselas no rompe ese pacto demostraría una vez más su impotencia y su aceptación resignada del vasallaje”. (Jordan Bardella, líder parlamentario del Reagrupamiento Nacional francés, tras conocerse la decisión del presidente de los Estados Unidos de imponer un arancel suplementario del 10% a los ocho países europeos que la semana pasada enviaron militares a Groenlandia en señal de apoyo a Dinamarca).
“El aumento de aranceles norteamericanos a los países europeos que han decidido contribuir a la seguridad de Groenlandia es un error que no comparto. He hablado con Trump y se lo he dicho. Debemos trabajar para evitar una escalada”. (Giorgia Meloni, primera ministra de Italia).
“Trump ha violado una promesa fundamental de campaña, a saber, no interferir en otros países, y tendrá que explicarlo a sus propios votantes. Hemos oído durante años muchos lamentos sobre que Vladímir Putin viola el derecho internacional, y ahora están muy callados cuando Donald Trump hace lo mismo, es decir, ataca la soberanía de un estado como Venezuela y amenaza con hacer lo mismo con Groenlandia”). (Alice Weidel, presidenta de Alternativa por Alemania).
“No siempre estamos de acuerdo con el Gobierno de los Estados Unidos y esta vez no lo estamos. Los aranceles nos perjudicarán. (Nigel Farage, líder del partido ultraderechista británico Reform).
“Groenlandia es un asunto fácil. Porque es un asunto interno, un asunto de la OTAN. Dinamarca forma parte de la OTAN, Estados Unidos forma parte de la OTAN. Si alguien desea algún cambio, podemos discutirlo dentro de la OTAN”. (Viktor Orbán, primer ministro de Hungría).
“TVE es una basura infecta, no hablan de los problemas de la gente en España. Hablan de Groenlandia, de lo que dice Trump, de lo que pasa en no sé donde... de Irán no mucho…” (Santiago Abascal, presidente de Vox, presidente la plataforma Patriotas por Europa).
Este mosaico de opiniones, con notorios matices, nos indica que en estos momentos hay una familia política que se está tentando la ropa. Las próximas semanas nos dirán si la historia los pone en un serio aprieto. Los Patriotas por Europa pueden quedar congelados en el Ártico si Donald Trump da la orden de invadir Groenlandia para mayor humillación de Dinamarca y de toda la Unión Europea, con el consiguiente colapso de la OTAN, fundada con gran solemnidad en 1949 para mantener a raya a la Unión Soviética.
Momento delicado para una corriente política multiforme que ha tenido el viento muy a favor en los dos últimos años, hasta el punto de ser apoyada de manera explícita por la nueva doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Ese documento, que todos deberíamos tener a mano para intentar entender mejor 2026, señala que el gobierno de Estados Unidos ayudará a las ‘fuerzas patrióticas” europeas a llegar al poder en sus respectivos países para conseguir la esterilización de la Unión Europea, presentada como una de las causas objetivas del declive europeo. Hay abrazos que pueden ahogar. No sería la primera vez que ocurre.
30 de noviembre de 1939. Inicio de la Guerra de Invierno, no muy lejos del círculo polar ártico. Cuando Stalin atacó Finlandia para conquistar el istmo de Carelia, territorio fronterizo que consideraba imprescindible para la defensa de Leningrado y la seguridad de la URSS ante la eventualidad de una invasión alemana a gran escala –ofensiva que se desencadenó en 1941-, los comunistas finlandeses fueron tildados de “traidores” por muchos de sus compatriotas. Muchos obreros socialistas que habían luchado en el bando rojo de la guerra civil finlandesa de 1918 tomaron las armas contra la invasión soviética. Concluida la Segunda Guerra Mundial con la victoria de la URSS, los comunistas finlandeses fueron influyentes en el largo periodo de neutralidad de su país. Actuaban de puente con Moscú, lideraban los sindicatos y participaron en diversos gobiernos de coalición, con un registro electoral del 20%. Empezaron a dividirse en los años setenta entre revisionistas y ortodoxos. Es una historia que puede ser de interés para los dirigentes de Vox que aman el estudio de la política internacional. En estos momentos hay más cuadros políticos interesados en la política internacional en Vox que en el Partido Popular.
El síndrome Finlandia planea sobre los Patriotas por Europa, pero conviene contextualizar las frases que encabezan el Penínsulas de esta semana. Empecemos por Jordan Bardella, posible candidato a la presidencia de la República Francesa en 2027 si los tribunales mantienen en pie la inhabilitación de Marine Le Pen. En la patria del general De Gaulle ningún político que aspire a la presidencia puede aparecer supeditado a una potencia extranjera. Un soberanista francés debe ser soberanista al cuadrado. El 21 de febrero del 2025, pronto hará un año, Bardella canceló su discurso ante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), la convención anual de fuerzas conservadoras y religiosas que se celebra en Washington, después que Elon Musk y Steve Bannon hicieran el saludo fascista en la tribuna de oradores, rivalizando entre ellos. Bardella no podía volver a París como si no hubiese pasado nada. No podía parecer un siervo del movimiento MAGA. Hace poco más de quince días, Marine Le Pen criticó duramente la intervención de Estados Unidos en Venezuela: “El respeto del derecho internacional y de la soberanía de los estados no puede tener diferentes varas de medir”. Bardella carga ahora contra el castigo aduanero de Trump a los ocho países europeos –Francia en cabeza- que han enviado militares a Groenlandia y responsabiliza a Ursula von der Leyen de un mal acuerdo sobre los aranceles en julio. Desbordada por los acontecimientos, la presidenta de la Comisión Europea apenas habla. Von der Leyen se ha convertido en una estatua de sal.

Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania, se muestra contundente contra el castigo norteamericano y comprensiva con Vladímir Putin. La zona más rocosa de su base electoral se halla en la antigua Alemania del Este, donde hay fuertes corrientes de simpatía por Rusia. Un nacionalista alemán siempre debe ser contundente, aunque caiga en contradicción. Weidel y su partido recibieron el apoyo de la galaxia trumpiana en las últimas elecciones federales alemanas (febrero, 2025). Antes de caer en desgracia en la Casa Blanca, Elon Musk pidió el voto por AfD y movilizó a la red X a su favor. Los servicios rusos de propaganda trabajaron en la misma dirección. Y el vicepresidente norteamericano JD. Vance ha peleado para que los dirigentes de AfD estén presentes este año en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el principal foro sobre defensa en Occidente, después del Consejo Atlántico. Con la cuestión de Groenlandia sobre la mesa, la reunión de este año será de altísimo voltaje. Primero Davos, después Múnich. Vance ha peleado por AfD, pero Weidel no puede aparecer estos días como una subordinada de Estados Unidos. Su país acaba de ser castigado por haber enviado 15 oficiales a Groenlandia.

Neil Farage, gran promotor del Brexit, líder del partido de extrema derecha Reform, formación que en estos momentos encabeza los sondeos en el Reino Unido, no podía dejar la bandera británica en manos del primer ministro laborista Keir Starmer. ¡Los británicos solo enviaron un oficial a Groenlandia! Farage protesta en do menor.
Viktor Orbán intenta despejar el balón fuera del área. No me compliquéis la vida que tengo unas elecciones muy difíciles en abril, parece decir. Anoten esa fecha: 12 de abril. Después de quince años ininterrumpidos en el poder, Orbán podría perder ante un candidato opositor surgido de sus propias filas y ahora inscrito en el Partido Popular Europeo. Péter Magyar (5) aboga por un mayor acercamiento de Hungría a Bruselas. La batalla de Budapest va a ser fenomenal. Trump y Putin apoyarán activamente a Orbán. Con aranceles o sin aranceles, los Patriotas por Europa se movilizarán a su favor. Al otro lado del Danubio, la CDU alemana.
Más interesante es la toma de posición de Giorgia Meloni. Dirige el tercer país más poblado de la Unión Europea y no forma parte de la plataforma Patriotas por Europa, aunque mantiene excelentes relaciones con sus principales dirigentes. Tiene su propio reducto en el Parlamento Europeo: el grupo de los Conservadores, junto con los nacionalistas polacos. A principios de año, mientras Trump daba la orden de intervenir en Venezuela, Meloni se hallaba en Madrid almorzando en casa de Santiago Abascal. La primera ministra italiana intenta jugar el papel de mediadora entre la Unión Europea y Estados Unidos. Un pie en cada orilla. Un pie en cada bando. Es algo profundamente italiano. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino de Italia formó parte de los dos bandos de manera simultánea durante una semana. Habían firmado un armisticio secreto con los aliados y no se lo comunicaron inmediatamente a los alemanes. ‘La política dei due forni’, tan amada posteriormente por los democristianos. Cocer el pan en dos hornos. Giulio Andreotti. Ahí está Giorgia Meloni, a la espera de que la relación de fuerzas decante.

Santiago Abascal parece el más entregado a Trump. Ninguna crítica estos días. Hace dos meses le formulé la siguiente pregunta en una entrevista para La Vanguardia: “¿Es Vox el partido de los Estados Unidos en España?”. Dio un respingo y esta fue su respuesta: “¡Qué barbaridad! En absoluto. Vox es el partido de los españoles y nosotros comprendemos a los líderes políticos que ponen en primer lugar a sus nacionales. Comprendemos que Donald Trump quiera defender en primer lugar a los ciudadanos de Estados Unidos. Entre los que somos patriotas, nos comprendemos los unos a los otros. Y seguramente tendremos nuestras fricciones. Nosotros no formamos parte de ninguna multinacional que nos dé órdenes. A nosotros no nos da órdenes nadie. Creo que Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo no pueden decir lo mismo”.
Queda claro que Abascal y su equipo no quieren ahora fricciones con el equipo de Trump y con el movimiento MAGA, con el que están en permanente contacto. Se está abriendo un nuevo periodo político en Latinoamérica y Vox querrá ser el principal interlocutor español con la nueva y no tan nueva onda en Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Panamá, Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, y probablemente Colombia después de las elecciones presidenciales de junio. Esa vía preferente americana hoy necesita el timbre de Estados Unidos.
¿Y Portugal? André Ventura, líder de Chega, no ha dicho nada porque se hallaba enfrascado en las elecciones presidenciales. Ha conseguido pasar a la segunda vuelta pero no ha conseguido la victoria simbólica que ambicionaba. Ha ganado el candidato socialista. Desastroso resultado para el centroderecha clásico. El próximo presidente de la República Portuguesa será muy probablemente António José Seguro. (8) No es mal apellido para los tiempos que corren.
(El accidente ferroviario de Adamuz nos tiene conmocionados a todos. La alta velocidad ferroviaria ha sido en los últimos treinta años uno de los signos de distinción de España, no sin discusión sobre prioridades y recorridos. El total esclarecimiento de las causas de ese accidente es fundamental).

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

Hace 7 horas
1










English (US) ·