Políticos en redes

Hace 2 días 4

El editor de un reciente digital de información se confesaba alegre de que el mayor número de visitas a un sitio de información parlamentaria y Gobierno lo alcanzaba una entrevista en profundidad sobre medidas en vivienda e impuestos, en la semana de febrero en que el medio hacía su presentación madrileña. El que su protagonista no fuera sino el portavoz de la oposición probaría un anticipo del giro del mercado de la atención política hacia franjas libres de ruidos y humores, su apuesta empresarial, de contenidos más duros y fríos, aunque atractivos para la publicidad comercial.

Pero la información tiene costes que no soportan las redes en sus relaciones parasitarias con los medios. Son los pluses morales al político, que arriesga su crédito y el de las siglas que lo amparan en la carrera pública, cuando se expresa en términos concretos que le comprometen, en vez de fingirse furioso con el rival; ocurre, además, que la escena política no escapa a una dimensión de entretenimiento, de pasatiempo de la opinión democrática; hay obligación de ser amenos, y la prensa escrita ha tenido 250 años. Por el lado de los medios, o sea, de quienes son responsables judicialmente de sus contenidos, la veracidad significa chequear y vigilar la información antes de publicar.

Va siendo hora de iniciar un pulso entre los defensores de la autonomía de la política

El hecho es que la actividad del político en prensa se ha vuelto bastante inútil, dada la veloz caída de sus lectores en los últimos 20 años; pero sucede a la vez que a muy pocos de sus usuarios les puede importar lo que piensen unas figuras reducidas a pulsar uno de los tres botones del tablero electrónico en los escaños. Vista así la tarea legislativa, es natural considerar al foso parlamentario un precalentamiento para saltar al campo grande de las redes sociales, donde se halla la parte creciente, por razón de edad, de la opinión pública que luego decidirá el futuro de cada formación en las urnas.

Con todo, las dificultades del político activo en redes para no caer en la caricatura de su oficio son estructurales. Los 45 segundos de exposición en TikTok, con no más de los tres segundos iniciales para captar la atención del millennial , y a un segundo en generaciones inferiores, resultan incompatibles con los tres minutos de tiempo mínimo de que dispone un parlamentario en las Cortes, minutos que superan los hilos largos de X, la más reflexiva de la redes cuando era Twitter.

Los cuernos de estos dilemas para el político corriente, que busca la conexión con su electorado, apuntan a una partida más general con las plataformas y buscadores de internet, un pulso sistémico que va siendo hora de iniciar entre los defensores de la autonomía de la política.

Leer el artículo completo