La decisión de RTVE de recurrir a un maratón de David Broncano para parchear su maltrecha noche de los jueves no es solo un movimiento de programación de última hora; es el síntoma de una crisis de identidad y de resultados que amenaza con gangrenar la parrilla de la cadena pública en este inicio de 2026. Tras la fulminante cancelación de Al margen de todo, el espacio con el que Dani Rovira regresaba a La 1 y que apenas ha resistido tres emisiones, la corporación ha optado por la vía del agotamiento: un especial de La Revuelta que se extiende durante cinco horas, desde las 21:45 hasta las 02:30 de la madrugada.
Esta estrategia, calificada de insólita e incluso desesperada por los analistas del sector, supone estirar el chicle de su único éxito reciente hasta límites que rozan el desprecio al espectador. Programar una entrega inédita de tres horas y media, seguida de una reposición de diciembre de 2025, no solo delata la ausencia de un plan B sólido frente a la competencia de Supervivientes, sino que pone en evidencia que TVE ha decidido apostar todo su capital a una sola carta. Se ignora así que incluso el formato de La Revuelta hace meses que da muestras de erosión.
En las redes sociales, la acogida de esta medida ha sido mayoritariamente gélida, oscilando entre el estupor y la mofa. Plataformas como X (antes Twitter) se han llenado de críticas que tildan la decisión de "pereza creativa" y de un uso "abusivo" del formato de David Broncano. Muchos usuarios habituales del programa han manifestado su hartazgo ante lo que consideran un "atracón innecesario", señalando que la esencia de La Revuelta reside en su frescura diaria y no en convertirse en un contenedor de relleno para cubrir los huecos que la dirección de RTVE no sabe gestionar. Los comentarios más ácidos subrayan la ironía de que una cadena con un presupuesto de servicio público termine funcionando como un canal temático de reposiciones de madrugada.
Por otro lado, el sector más crítico ha aprovechado el movimiento para denunciar la Broncanodependencia de la televisión pública, convirtiendo el nombre del presentador en tendencia junto a términos como "desastre" o "improvisación". No han faltado las comparaciones con la gestión de contenidos de las cadenas privadas, donde los internautas lamentan que RTVE haya tirado la toalla tan pronto tras el fracaso de Dani Rovira, prefiriendo "quemar" su producto estrella antes que arriesgar con nuevas apuestas de calidad.
Para gran parte de la audiencia digital, este maratón no es un regalo para los fans, sino la confirmación de que La 1 se ha quedado sin ideas y sin rumbo para su horario estelar.
Una crisis que se agrava
Mientras la cadena pública intenta capear el temporal, el resto de su prime time se hunde en un océano de cifras pírricas y presupuestos millonarios que no encuentran su sitio.
La caída de Dani Rovira ha sido el último clavo en un ataúd que ya contenía otros proyectos de alto coste. Al margen de todo se despidió con un ínfimo 7,5% de cuota de pantalla y apenas 533.000 espectadores, una cifra insostenible para un programa de máxima audiencia. Rovira, con la elegancia que le caracteriza, admitió en sus redes que no habían sabido conectar con los espectadores, pero el problema de fondo es mucho más profundo que el carisma de un presentador. Es una cuestión de estructura y de una inversión pública que no se traduce en relevancia social ni en fidelidad de audiencia.
La situación actual de La 1 es paradójica. Mientras los informativos y el access mantienen el tipo, el reloj marca las diez de la noche y la audiencia huye. El análisis de los últimos meses arroja datos demoledores sobre formatos que nacieron con ínfulas de liderazgo y han terminado en la irrelevancia absoluta.
Uno de los casos más sangrantes es DecoMasters. Con un presupuesto estimado que ronda los 7,2 millones de euros, este talent show de decoración, poblado de rostros famosos con cachés astronómicos, arrancó con un prometedor 11,2% para desplomarse rápidamente. En su última entrega, el programa apenas alcanzó un 7% de share y 460.000 fieles, situándose casi cinco puntos por debajo de la media diaria de la cadena. Invertir más de siete millones de euros de dinero público en un formato que no llega al medio millón de espectadores es, como poco, un motivo de reflexión urgente en el Consejo de Administración de RTVE.
A esto se suma el agridulce resultado de Top Chef: Dulces y Famosos. Ni el tirón de figuras mediáticas de primer nivel ha servido para que la versión repostera del formato levante el vuelo. Aunque se mantiene algo más estable que otros naufragios, sus cifras merodean el 10% de cuota, un dato insuficiente para una producción de esta envergadura. El espectador parece haber llegado a un punto de saturación con los talents de cocina, y la fórmula de famosos cocinando ya no es la garantía de éxito que fue en los tiempos dorados de MasterChef.
La deriva de la cadena es preocupante porque no se trata de fallos puntuales, sino de una incapacidad sistémica para generar nuevos hábitos de consumo fuera del paraguas de La Revuelta. Al estirar el programa de David Broncano hasta la madrugada para tapar el hueco de Rovira, TVE no solo admite su orfandad de contenidos, sino que arriesga una de sus marcas estrella por una simple cuestión de aritmética de audímetros.
En un mercado televisivo cada vez más fragmentado, la pública parece haber olvidado que su misión no es solo competir a base de parches, sino ofrecer una alternativa que, al menos, justifique la factura que pagan todos los contribuyentes.

Hace 14 horas
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