Hubo un tiempo en el que la revista de culto The Face era acuñada como la fábrica de las estrellas. Cada mes, sus ávidos y jóvenes lectores corrían al quiosco de confianza para descubrir una portada llamativa y descaradamente transgresora. En su interior nadie esperaba encontrar a las típicas modelos, ni al actor de Hollywood luciendo torso. Las fotografías de aquella época reflejaban los estados de ánimo y los movimientos que marcaron los 80 y 90, del hedonismo al neoliberalismo, de lo alternativo a lo mainstream.
The Face incluso logró “ensuciar” a David Beckham, con salsa de soja y café chorreándole por los abdominales. También pasaría por sus páginas, en múltiples ocasiones, una jovencísima Kate Moss, con un sombrero de inspiración indígena o una cresta punk. Se puede decir que nunca fue una revista normativa, ni tampoco pretendía serlo. Con los años, este fenómeno se esfumó. Se impusieron los cuerpos canónicos y una juventud insolentemente eterna. Las revistas de moda asumieron el rol de escaparates de una belleza inalcanzable, mientras que el resto de cuerpos quedó relegado a la prensa sensacionalista.

Candela Peña regresó visiblemente pletórica a su papel como colaboradora en La Revuelta, tras dos semanas de ausencia por la promoción de su última película. La razón de su felicidad era la sensación de haber roto el techo de cristal de todas aquellas mujeres que no encajan con los estándares de belleza de las revistas femeninas. “Esto es un homenaje y el triunfo de la mujer normal”, reivindicó, antes de enseñar la nueva portada digital de Elle. Y añadió: “de las que no sabemos llegar a los sitios, de las que tú estás fatigada viva, de las que sudas, de las que la patita, de las que estás agobiada”.
Compramos esas revistas pensando en ser como las que están ahí”
Desde el humor, trató de mostrar los cambios de la menopausia y la vita cotidiana, muchas veces invisibilizada, de las mujeres en la cincuentena. De la eterna lucha por lograr esa delgadez que se promueve en las portadas. “Compramos esas revistas pensando en ser como las que están ahí”, dijo la actriz como portavoz de todas las que alguna vez se sintieron apartadas de la sociedad. Porque el encanto de una Candela Peña, Ana Milán, Carmen Machi, incluso de la cantante Amaia no reside precisamente en su imagen, sino en su discurso. La innegable belleza de una voz que tiene algo que decirle al mundo, que huye de la autocomplacencia y se aferra a un futuro mejor.

Quién sabe si esto es el inicio de un cambio o, como dice Peña, “el triunfo de la mujer normal”. Lo que es innegable es que, como decía la célebre activista Maya Angelou, “no puedes controlar todo lo que te ocurre, pero sí puedes decidir no dejar que te reduzca”.


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