Trump busca dinamitar las Naciones Unidascon su Consejo de la Paz

Hace 19 horas 1

No jugaba de farol. Donald Trump empieza a colocar los fundamentos para imponer su nuevo orden mundial de forma institucional. Su proyecto de Consejo de Paz trasciende Gaza y emerge como una alternativa personal y personalista que rivalice con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la que considera totalmente obsoleta e ineficaz.

Según su planteamiento, él manda de manera vitalicia (él, no el presidente de Estados Unidos), dispone y decide quien forma parte, a cambió de 1.000 millones de dólares. También se arroga el derecho a nombrar sucesor y a ejercer el veto sobre cualquier decisión.

Hace 80 años que se fundó la ONU sobre los cascotes del conflicto bélico contra el nazismo. Ha sido una larga travesía del desierto en un mapa geopolítico lastrado por la división en bloques durante la guerra fría y más allá. Cada uno de los bandos dispone de veto, lo que en la mayoría de las ocasiones ha impedido llegar a resoluciones que pongan fin a conflictos.

Ahí está su gran escollo, un defecto de nacimiento, del que se concluye la inoperancia de su Consejo de Seguridad, su órgano decisorio, al que ni Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido han querido poner remedio en beneficio propio renunciando al veto.

En Estados Unidos, el principal donante para mantener la estructura económica de la organización, surgió además un claro rechazó entre los conservadores a la institución internacional. Ese disgusto estaba en los márgenes hasta que la extrema derecha lo empezó a capitalizar en las redes sociales, sobre todo en la etapa final del gobierno de Barack Obama, al que se acusó de ser uno de los instigadores de las oscuros poderes globales para imponer en Estados Unidos un gobierno mundial a partir de la ONU y así robarle la soberanía a EE.UU.

Un proceso de oposición

Los conservadores de Estados Unidos, el principal donante de la organización, han ido generando un rechazo a la ONU y la extrema derecha lo ha capitalizado

Esta idea, una de las exitosas teorías de la conspiración, entró a formar parte desde el inicio del movimiento MAGA (hacer Estados Unidos grande de nuevo) que fundó Donald Trump y que impulsó su agenda del “América primero”. Durante su mandado inicial no cesó en sus amenazas al multilateralismo que, para su criterio, solo defiende causas woke, llámese cambio climático o derechos humanos.

Su segunda etapa en la Casa Blanca, de la que esté martes se cumple el primer aniversario, resulta menos timorata, como quedó claro en su discurso ante la Asamblea General, el pasado septiembre, en el que hizo un ejercicio de demolición de la casa que le había invitado.

Ya no solo trata de diezmar a la ONU, como hace reteniendo pagos, o de ir contra determinadas agencias, sino que parece apuntar a la ONU en si misma al impulsar su variante, sustentada por su discurso habitual de que ha acabado con ocho guerras o más.

El borrador que ha circulado sobre su consejo para reconstruir Gaza no hace una mención directa a la región, cuestión que despierta la especulación al considerarse en medio diplomáticos que se ha propuesto sustituir a las Naciones Unidas.

La aparición de este documento se produjo solo un par de días después de que António Guterres, secretar general de la ONU, hiciera un discurso el pasado jueves en el que alertó que la organización se asoma al abismo por el ahogamiento financiero ante el incumplimiento de los estados miembro. Sobre todo del más rico de todos. “La situación hoy es totalmente insostenible”, dijo. “Algunos están dando el toque de difuntos a la cooperación internacional”, lamentó”. No dio nombres a lo largo de su intervención. Tampoco era preciso.

Trump durante su mensaje grabado en vídeo en la última sesión de la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2025 

Trump durante su mensaje grabado en vídeo en la última sesión de la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2025 Rick Bajornas / AP

El proyecto de la Casa Blanca señala que la misión de esa junta consiste en “promover la estabilidad y restablecer una gobernanza fiable y legítima, y garantizar una paz duradera en las zonas afectadas o amenazadas por conflictos”, propósito que se asemeja a un corta y pega de la Carta de las Naciones Unidas, su texto fundacional.

Añade, en un disparo a la yugular de la ONU, que se necesita “una consolidación de la paz internacional más ágil y eficaz”. Entonces reclama una “coalición de estados dispuestos a cooperar y a tomar medidas efectivas”, cosa que en la mayoría de ocasiones ha sido imposible en el Consejo de Seguridad por el veto de EE.UU., incluso bajo su presidencia.

El consejo instaurado por Trump, a partir del citado borrador, garantizará que “todo el dinero se emplea para ejecutar ese mandato” y que no se gasta “en la excesiva burocracia que aqueja a muchas otras organizaciones internacionales”. Pero él, como presidente de esa junta, será “la autoridad final en lo que respecta al significado, la interpretación y la aplicación de esta carta”.

Este lenguaje y la expansión de objetivos despertó una severa crítica en privado de dirigentes europeos, informó la agencia Bloomberg. No tienen dudas de que Trump pretende reemplazar a la ONU, circunstancia que podría implicar que se corre un riesgo de dividir aún más la Alianza Transatlántica.   

Francesc Peiron Arques

Francesc Peiron Arques

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York

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