Un hallazgo sobre la célula T abre la puerta a mejorar las terapias contra el cáncer

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Científicos de la University College de Londres han dado un paso fundamental en la comprensión del sistema inmunitario. En un estudio publicado en la revista Science Signaling, los investigadores han identificado cómo la proteína PTPN22 controla la remodelación del esqueleto celular de las células T. Este proceso es crucial para que defensas formen las denominadas sinapsis inmunológicas, que actúan como vías de comunicación directa con sus objetivos dentro del organismo.

El trabajo revela una función inédita de esta molécula en la regulación de las defensas. En condiciones normales, el organismo necesita que sus células T reaccionen ante amenazas externas, pero una respuesta desmedida puede resultar perjudicial. Así, la molécula descubierta ajusta con suma precisión las redes de señalización inmunitaria y limita la activación excesiva de los receptores celulares, evitando que el sistema reaccione de manera descontrolada y ataque tejidos sanos.

El lupus y la artritis reumatoide

La relevancia de este mecanismo radica en su vinculación directa con diversas patologías. Investigaciones previas ya habían relacionado ciertas mutaciones en el gen que codifica esta proteína con trastornos graves del sistema inmunitario, destacando especialmente el lupus y la artritis reumatoide. Esta conexión genética fue el principal motivo que impulsó al equipo investigador a emplear técnicas de imagen de superresolución para examinar con exactitud los procesos celulares subyacentes.

Para llevar a cabo el experimento, el equipo analizó células T humanas de tipo silvestre y las comparó con otras que presentaban deficiencias de este componente celular. Durante la formación de las sinapsis inmunológicas en respuesta a estímulos activadores, observaron que las células que carecían de la proteína mostraban una acumulación anormal de actina F, un elemento estructural básico para dar forma al citoesqueleto celular.

Además de la alteración en la actina, los científicos detectaron una concentración inusual de la proteína adaptadora PSTPIP1 en las áreas donde se agrupan los receptores de las células T. Esta anomalía provocó una remodelación desproporcionada del citoesqueleto, lo que a su vez causó que las defensas fuesen anormalmente sensibles a antígenos con baja afinidad de unión. En la práctica, esto supone que las células reaccionen ante estímulos que normalmente ignorarían, desencadenando procesos perjudiciales.

Los ensayos posteriores confirmaron que, en un sistema sano, la interacción con PSTPIP1 restringe los cambios estructurales y atenúa la estimulación inmunitaria en la membrana plasmática. Los autores del estudio concluyen que comprender la pérdida de esta función reguladora abre nuevas vías de investigación clínica. Los hallazgos no solo arrojan luz sobre los orígenes de la autoinmunidad, sino que también podrían contribuir a mejorar las terapias inmunológicas actuales en la lucha contra el cáncer, optimizando la capacidad del cuerpo para identificar y destruir células tumorales.

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