A sus 35 años, Javier Bonilla afronta el verano como tantos futbolistas de las categorías intermedias del fútbol español, sin saber dónde jugará en agosto. Su contrato con el Numancia expira el 30 de junio y en Los Pajaritos todo está por decidir. "Han quitado al director deportivo, ha venido todo nuevo, y hay que darle tiempo", explica a Libertad Digital. "Veremos qué pasa. Y si no es en Soria, pues en otro lado. A seguir jugando". Porque retirarse, deja claro, no entra en los planes: "De momento no. Mientras pueda, no".
Bonilla lleva casi dos décadas viviendo del fútbol sin haber pisado nunca la Primera División. Debutó con el filial numantino en 2008-09, jugó en Segunda con el club de su tierra, probó suerte en Grecia, ascendió a Segunda con el Mallorca en 2018 y ha recorrido la Segunda B, la Primera RFEF y la Segunda Federación. Su trayectoria es la de aquella inmensa mayoría de profesionales que vive junto al balón, pero lejos de los focos y de las cifras millonarias que el público asocia al oficio.
"Como ricos viven cuatro contados, que al final son los de Primera División", afirma. "Es verdad que se vive bien, pero para tener una vida de lujo tienes que jugar en equipos muy top de Primera o en el extranjero. Si no, es difícil. Se gana bien, pero no para hacer barbaridades".
Las cifras que maneja dibujan un mapa salarial mucho más desigual de lo que parece desde fuera. En Segunda División, calcula, el salario mínimo ronda "los 90.000 o 100.000 euros" al año. Pero un escalón por debajo, en la Primera RFEF, la horquilla se dispara en ambas direcciones: "He jugado con gente que cobraba bastante más que eso, y también con gente que cobraba bastante menos. No es lo mismo un chico de 21 años que viene de abajo, al que igual le dan 30.000 euros, que uno de 30 con una trayectoria muy buena que cobra 180.000".
El club, añade, lo condiciona todo: "El Tarazona no te va a ofrecer 100.000 euros, ni 60.000, no tendría sentido. Pero el Nàstic de Tarragona sí se los ofrece a muchos jugadores. Es muy relativo". La brecha se vuelve abismal en los extremos.
Con el descenso del Zaragoza a Primera RFEF sobre la mesa, Bonilla anticipa que los clubes grandes seguirán pagando como profesionales: "En esa categoría muchos van a ganar de 100.000 para arriba". Y en la misma división convivirán con otra realidad: "Luego vas al Tarazona, por decir uno, y van a ganar 500 euros –al mes– como mucho, si se los pagan. Hay mucha diferencia".
Una categoría que "ya no es profesional"
Donde más se nota el escalón, cuenta, es en el día a día: "Cuanto más arriba, mejores campos y mejores estadios. Cuanto más abajo, más equipos de pueblo y menos economía. Los equipos con menos presupuesto no pueden tener las instalaciones que tienen otros".
Los desplazamientos son el mejor termómetro. Esta temporada, en Segunda Federación, el Numancia hizo sus desplazamientos en autobús: "A Galicia nos ha tocado ir cuatro o cinco veces en la liga. Cogíamos el autobús el día de antes y hacíamos noche".
Y eso, matiza, ya es un privilegio: "Con el Numancia duermes fuera en todos los desplazamientos, pero hay equipos que van y vuelven en el día, aunque sean cuatro, cinco o seis horas de viaje, porque no pueden pagar hoteles. Es que la Segunda RFEF es así, ya no es profesional. Se profesionalizan el Numancia y cuatro clubes más, porque por suerte hay empresarios que tienen dinero y lo quieren poner. Porque en estas categorías casi siempre, o siempre, se pierde dinero".
A título personal, Bonilla nunca ha necesitado un segundo empleo, ni dice haber compartido vestuario con quien lo tuviera: "Eso de entrenar por la mañana y tener que ir a trabajar a otro sitio por la tarde, no lo he vivido". Lo que sí es norma en estas categorías es prepararse para el día después. Él acaba de terminar el ciclo de Administración y Finanzas: "Todo el mundo hace cosas, porque al final tienes más tiempo y ahora hay muchas más facilidades con todo lo online. Te puedes sacar muchos títulos, y la gente lo aprovecha".
Una aventura en Grecia
En 2015, con 24 años, dejó el Numancia de Segunda División para fichar por el Aiginiakos griego. La experiencia duró pocos meses y su balance es agridulce. "Cuando yo fui, o jugabas en los cinco o seis equipos buenos de su Primera División o, sinceramente, como experiencia puedes ir y ya está", recuerda.
"Para jugar al fútbol, para vivir allí, a mí no me gustó: había muchas cosas raras, muchas historias". Lo vital y lo deportivo, eso sí, van por caminos distintos: "Como experiencia me lo pasé increíble, disfruté, aprendí inglés. Pero para mi carrera no me vino bien irme, yo estaba en Segunda División aquí, con el Numancia".
Un año redondo en Son Moix
Si tiene que elegir un momento de su carrera fuera de Soria, no lo duda: el ascenso a Segunda con el Mallorca en 2018: "Fue increíble. Teníamos un equipazo y desde el club se hicieron las cosas muy bien, porque justo ese año se sube a Segunda y al año siguiente se sube a Primera también", rememora. El equipo venía de caer a Segunda B y se rehízo casi por completo: "Lo cogimos casi todos nuevos y lo ascendimos yendo primeros todo el año, ganando bien. Fue todo rodado".
Para el club bermellón solo tiene elogios —"como club, el Mallorca es de Primera División en todo: instalaciones, estructura, todo"— y un lamento por su descenso de este curso: "Es una pena". Tanto marcó aquella etapa que, puesto a quedarse con un equipo que no sea el Numancia, la respuesta es inmediata: "Con el Mallorca. En Tarragona estuve increíble, hice muchísimos amigos, estuve más años y le tengo muchísimo cariño. Pero como año de fútbol, el Mallorca. Fue una locura".
La vuelta a casa y la espinita del playoff
En 2023, tras cuatro temporadas y más de un centenar de partidos en el Nàstic, Bonilla tenía opciones de seguir en Primera Federación. Eligió bajar un escalón: "Podía haber firmado en Primera Federación, pero no quería. Quería volver a casa, intentar ayudar al Numancia a ascender", cuenta.
El objetivo se ha escapado dos veces por muy poco, la última en el playoff de esta temporada: "No ha sido un buen año, en todos los sentidos, y aun así hemos perdido en el playoff. Tengo esa espinita: vine para intentar ayudar, creo que en dos años hemos hecho las cosas muy bien y por detalles no se ha ascendido. Pero es fútbol y nos ha tocado la cruz. Estoy seguro de que el Numancia volverá a donde merece".
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La paradoja es que, puertas adentro, el Numancia no parece un club de Segunda Federación. "En el día a día no lo notas, porque el club es mucho más grande que muchos de Primera Federación. De instalaciones y funcionamiento es como si estuvieras en Segunda División", explica. "Pero a la hora de competir, cuando vas a otros pueblos y otras ciudades, no tiene nada que ver una categoría con la otra".
Un chaval de Ágreda
La historia de Bonilla empezó en los viajes diarios desde su pueblo a Soria, con su padre al volante. "Me llevaba casi siempre él. A partir de que me saqué el carné ya empecé a estudiar en Soria y tenía piso allí", recuerda. En la cantera, el club cubría lo básico: "Compartías piso con dos o tres compañeros y te pagaban la comida y la cena en un restaurante de Soria. Una vez que firmas un contrato y ganas un poco más de dinero, ya te apañas tú".
De aquellos años conserva intacta la incredulidad del que llega: "Cuando estaba en el Numancia B no me lo esperaba. Solo ir a entrenar ya era para mí una locura, porque veías a gente que había tocado Primera División, gente que veías por la tele", confiesa.
"Cuando empecé a jugar y me hicieron contrato, no me lo creía. Soy un chaval de Soria, de un pueblo de allí. Es el sueño que tienes, poder jugar en el equipo de tu ciudad, y te da igual la categoría". Ese mismo impulso explica su regreso: "Volví porque quiero al Numancia, soy de allí y he intentado ayudar, jugando y también ayudando a los compañeros. Es ese sentimiento de pertenencia al club".
¿Y después del fútbol? Tiene los títulos de entrenador y varias formaciones terminadas, pero ninguna decisión tomada. "Si soy sincero, no tengo ni idea. Hasta que no acabe no me voy a decidir. Está claro que todos tenemos que hacer algo después, pero no sé exactamente qué. Por eso estoy intentando sacarme lo máximo que pueda, y luego ya veré", asegura a este medio.

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