Mette-Marit puede morir si no le trasplantan un pulmón antes de un año

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Se publicó el 26 de mayo en Chic el comunicado de la Casa Real noruega acerca de que la princesa Mette-Marit precisaba con urgencia someterse a un trasplante de pulmón debido a la fibrosis pulmonar que le fue diagnosticada en 2018.

Ampliamos ahora esa información, añadiendo este comentario clínico: si no la operan antes de un año Mette-Marit puede morir. El desarrollo de su enfermedad es grave. Lo que repercute, no solo en el ánimo de su esposo, el príncipe heredero Haakon, que hubo de adelantar su viaje de regreso a Oslo desde Japón ante las alarmantes noticias sobre la salud de su esposa, sino en sus actividades oficiales. Pero, ante todo, el príncipe está pendiente día y noche de su querida esposa. Entre otras medidas, ha pospuesto las bodas de plata que iban a festejar próximamente.

La princesa tiene cincuenta y dos años. Es madre de dos hijos en su matrimonio con Haakon de Noruega: Ingrid Alexandra y Sverre. Ya lo fue antes, cuando era soltera, de Marius, fruto de su relación con un DJ llamado Morten Borg.

Mette-Marit Tjessem Horby era una joven de carácter independiente, hija de un periodista ya fallecido, que frecuentaba amistades poco recomendables. Bohemia que se excedía con el consumo de drogas en ambientes muy ajenos a la vida que el destino le preparaba como princesa. Trabajó de camarera y dependienta. Y en una fiesta de amigos conoció al príncipe Haakon, a finales de la década de los noventa, mientras asistían a un famoso festival de rock, Quart. En principio, ambos compartieron una grata conversación, quedaron en verse, lo que no ocurriría hasta unos años más tarde, cuando en poco tiempo formalizaron su relación sentimental.

Lógicamente, para entonces Mette-Marit había moderado su modo de vida. No le ocultó al príncipe su pasado. Había estado a punto, tiempo atrás, de casarse con un empresario catorce años mayor que ella, John Ongby. Pero rompieron antes de dar ese paso. Y ella dio en salir con un tipo poco de fiar, el antes mentado DJ Morten Borg. Puesto que Mette-Marit llevaba una existencia alocada, no se lo pensó dos veces y, enamoriscada del sujeto, se encamó con él y quedó embarazada de un varón, nacido en 1997, al que registraron con el nombre de Marius. La vida de madre soltera de Mette-Marit la sobrellevó con dificultades económicas y sin mucho tiempo dedicado a su día a día. Creció Marius sin la debida atención.

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Ya ennoviada con el príncipe, tras ese cambio drástico que operó en su devenir, llegó el instante de comunicar al Congreso del país noruego el deseo del heredero de contraer matrimonio. Fueron controvertidas jornadas de los diputados que en su mayoría desaconsejaban esa boda habida cuenta del historial de la novia. No sin muchas dificultades, y con la aceptación de los padres del heredero, Harald V y Sonia, los reyes de Noruega, la pareja pudo cumplir su sueño. Y el 25 de agosto de 2001 celebraron sus esponsales en la Catedral de Oslo con asistencia nutrida de representantes de las Cortes europeas. Mette-Marit daba la sensación de hallarse sobre una nube ante tanta felicidad como la embargaba.

A pesar de su sucio pasado, poco a poco Mette-Marit se fue haciendo querer por sus compatriotas, hasta recibir el cariño de su pueblo que valoraba su labor en actividades sociales y en el amor que a simple vista sostenía con su esposo, fruto del cual vinieron al mundo las dos princesas ya citadas.

En cuanto a Marius, su hijo de soltera quedó incorporado a la Familia Real aunque el tratamiento protocolario fuera distinto al de sus dos hermanos. En la dinastía noruega era natural que no tuviera sitio alguno. Aun así, su padrastro, el príncipe Haakon, procuró tratarlo como si fuera hijo suyo.

El tiempo transcurrido desde que quedó al cuidado sobre todo de su madre en Palacio hasta el presente demostró que Marius estaba ayuno de una educación apropiada desde que nació y en años sucesivos, y que era incapaz de someterse a la más mínima disciplina palaciega y familiar. El resultado, para abreviar su intolerable conducta, es que ha sido acusado de cuarenta delitos, varios relacionados con violaciones. En prisión preventiva le espera una condena de algo más de siete años encarcelado, en caso de que la justicia determine el fallo definitivo.

Si Mette-Marit no ha podido enderezar el comportamiento de Marius, y viene padeciendo hace años por la actividad como delincuente de su hijo, ahora, con su vida en el aire, el presente doloroso que la acucia no puede ser más preocupante.

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