La Copa Mundial de la FIFA 2026, que comienza este jueves, podría convertirse en la "más contaminante de la historia", según un nuevo informe que examina la relación del fútbol con el cambio climático.
El estudio, publicado antes de que comience el torneo -el cual se disputará en Canadá, Estados Unidos y México-, afirma que los organismos rectores del fútbol están priorizando la expansión comercial sobre las preocupaciones medioambientales y señala que el fútbol se ha vinculado profundamente a los intereses de los combustibles fósiles y al crecimiento insostenible.
El informe, elaborado por investigadores de las universidades de Loughborough, Bristol y Manchester (Reino Unido), indica que la huella de carbono del fútbol no se debe simplemente a los desplazamientos de los aficionados o a los estadios, sino que se produce políticamente a través de décadas de crecimiento comercial, globalización, vínculos con empresas de combustibles fósiles y 'petroestados'.
Un 'petroestado' es una nación cuya economía y poder político dependen en gran medida de la extracción y exportación de petróleo o gas natural.
El estudio indica que el fútbol de élite depende cada vez más de la inversión de Estados y empresas ricos en combustibles fósiles, con patrocinios y modelos de propiedad vinculados a las naciones del golfo Pérsico y a empresas energéticas.
Los autores destacan la alianza de la FIFA con el gigante petrolero saudí Aramco y señalan que el fútbol se ha convertido en un elemento central de una estrategia más amplia de lavado de imagen a través del deporte por parte de los intereses de los combustibles fósiles.
Fines comerciales
Los investigadores recalcan que el formato ampliado de 48 equipos para el Mundial de 2026 aumentará significativamente las emisiones contaminantes debido al mayor número de partidos y a las enormes distancias que habrá que recorrer en Norteamérica.
El torneo contará con 104 partidos que se disputarán en 16 ciudades anfitrionas de América del Norte. En el anterior Mundial, celebrado en Qatar en 2022, se jugaron 64 partidos con la participación de 32 selecciones nacionales.
Las políticas medioambientales de la FIFA también están siendo objeto de escrutinio y el equipo de investigación acusa a la organización de promover una retórica de sostenibilidad al tiempo que amplía las competiciones y fortalece los vínculos con los patrocinadores de combustibles fósiles.
El estudio también pone de relieve la preocupación por los futuros torneos y señala que Arabia Saudí será la sede del Mundial de 2034, mientras que Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París bajo la presidencia de Donald Trump.
"El fútbol es el deporte más popular del mundo y probablemente la actividad más popular. Es por esta razón que las autoridades futbolísticas, como la FIFA, siguen explotándolo con fines comerciales", apunta Mark Doidge, profesor de Sociología del Deporte en la Universidad de Loughborough.
Doidge subraya: "El fútbol es también una fuerza cultural poderosa, con millones de aficionados, voluntarios y jugadores que se esfuerzan por mejorar este deporte. El fútbol puede, y debe, usar su influencia para mitigar el cambio climático".
"La FIFA ha convertido al fútbol masculino de élite en el principal objetivo del lavado de imagen deportivo de los 'petroestados'. Este Mundial, con el ridículo Premio de la Paz de Trump y con Saudi Aramco, el mayor contaminador del mundo, como patrocinador principal, alcanza niveles sin precedentes", sentencia Oscar Berglund, profesor titular de Política Pública y Social Internacional en la Universidad de Bristol.
Berglund destaca que "una estrategia clave de los 'petroestados' ha sido aprovechar la influencia cultural sin parangón del fútbol a nivel mundial". "No necesitan convencernos de que los combustibles fósiles son buenos, solo de que son inevitables. Así, mientras disfrutamos de nuestro deporte rey, terminamos aceptando el mal necesario del capital fósil", apostilla.
Organismo "negligente"
Como parte del estudio, los investigadores entrevistaron a responsables de sostenibilidad que trabajan en clubes de fútbol de toda Europa, muchos de los cuales describieron las tensiones existentes entre los objetivos medioambientales y las exigencias comerciales del fútbol moderno.
Según el informe, las iniciativas de sostenibilidad a menudo solo se aprueban si no alteran el producto principal del fútbol, incluyendo la programación y la transmisión de los partidos.
Algunos entrevistados afirmaron que los clubes seguían más centrados en aumentar los ingresos que en reducir los costes medioambientales, a pesar de los crecientes riesgos financieros que suponen las inundaciones, las olas de calor y la interrupción de los partidos.
"A pesar de que la última Copa del Mundo ofreció un anticipo de cómo sería el fútbol en un mundo con un clima significativamente más cálido, la FIFA se ha mantenido indiferente a una mejor regulación", recalca James Jackson, profesor de la Universidad de Manchester.
El estudio apunta que la FIFA se perfila como "un organismo rector cada vez más negligente" al buscar escasas iniciativas de sostenibilidad y, en cambio, congraciarse con muchos de los países productores de combustibles fósiles más importantes del mundo.
Recomendaciones
Por otro lado, a investigación propone recomendaciones para reducir el impacto ambiental del fútbol, entre ellas que la FIFA deje de adjudicar torneos a los países petroleros, restricciones a la propiedad de combustibles fósiles por parte de los clubes, prohibiciones de la publicidad y el patrocinio de combustibles fósiles en el fútbol, y paralizar la expansión de las competiciones.
El informe también insta a que los responsables de sostenibilidad se integren en todos los niveles de la toma de decisiones del club, en lugar de operar en funciones aisladas de cumplimiento normativo.
La FIFA ha defendido anteriormente sus estrategias de sostenibilidad y ha afirmado que los grandes torneos pueden impulsar la inversión, la infraestructura y el desarrollo en los países anfitriones.
El máximo organismo mundial del fútbol también ha declarado que la ampliación de las competiciones aumenta la participación global y las oportunidades para las naciones futbolísticas más pequeñas.

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